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editorial

A la 1:29 h, de ayer, los guatemaltecos despertaron sobresaltados ante el fuerte movimiento sísmico de 6.6 grados en la escala de Richter, que se hizo sentir en distintos puntos del territorio, provocando la muerte de cinco personas, daños en la red vial y en edificios de incalculable valor arquitectónico.

Los guatemaltecos, sin distinción, trabajadores y desempleados, creyentes y ateos, liberales y conservadores, libertarios y progresistas, burócratas y en general toda la sociedad guatemalteca, experimentó el furor de las repentinas sacudidas terráqueas en mitad del silencio de la madrugada y la interrupción del sueño de la mayoría. Y aunque la magnitud del movimiento fue sensible en varios puntos del país y su intensidad alcanzó 0.9 grados menos del terremoto ocurrido durante la madrugada del 4 de febrero de 1976 que provocó la muerte de 23 mil personas, afortunadamente la cifra de fallecidos en comparación entre un evento y el otro, resulta sumamente venturosa.

En contraposición con los daños producidos en edificios emblemáticos en el interior del país y motivando el cierre de la Catedral quetzalteca, que data de 1532, ante los grietas producidas en varias de sus cúpulas y desprendimiento de parte de su estructura. Cada quien, desde sus particulares condiciones experimentó una serie de emociones, miedos y reaccionaron de manera distinta ante el temblor.

Resultaría imposible medir quien experimentó más miedo, si quien vive en el nivel 15 de un edificio o quien lo hace en una champa a la orilla de un barranco. O imaginar la multitud de frases que acompañan el movimiento telúrico, desde las más santas, hasta las más procaces y la reacción de cada guatemalteco ante el inesperado evento.

Sin embargo, en la actual coyuntura parece representar más bien una reacción metafórica de la madre naturaleza, en congruencia con la convulsión de las placas tectónicas políticas que desequilibran la gobernabilidad en el país, pues junto a la publicación de ser el presidente mejor pagado de América Latina, el mandatario Jimmy Morales, enfrenta la posibilidad de perder su inmunidad luego de ser denunciado por dos diputados señalándolo de cuatro delitos, lo que busca provocar un sismo político que conduzca a la caída del jefe de Estado, lo que en conjunto con el rechazo ciudadano hacia los integrantes del Organismo Legislativo, quienes recientemente acordaron de manera fraudulenta apropiarse de más de Q2 millones, producto de un dudoso error en el cálculo de sus prestaciones, lo que lesiona la severamente dañada credibilidad de los legisladores.

Al comparar el imprevisible movimiento de las placas tectónicas de la Tierra con la estabilidad de los poderes del Estado, los guatemaltecos debemos expresar nuestro profundo agradecimiento ante lo vivido a la 1:29 h y rezar porque nos lleve a reflexionar en soluciones inteligentes que conserven estables las placas tectónico-políticas, que conforman la gobernabilidad y el estado de Derecho de un país que necesita urgentemente sacudirse con la fuerza del temblor, la violencia, pobreza y desesperanza, mediante acciones sensatas por parte del mandatario, como reducir su salario o de los legisladores, quienes en respeto a la ley devuelvan lo indebidamente retenido a efecto de recobrar la confianza ciudadana en sus autoridades y mantener estables las bases del país, así como garantizar las medidas de prevención y reacción ante nuevos fenómenos sísmicos.

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