El Siglo

El fin de la historia y de las ideologías

Una de las falencias más angustiosas que tiene la transmisión de la experiencia como valioso legado para las nuevas generaciones y evitar así que se confirme como rasgo distintivo del ser humano que se trata de la del única especie que se tropieza dos veces con la misma piedra, es una resistencia natural a ver hacia atrás con fines educativos, en cualquier sentido: para no cometer errores confirmados como errores históricamente o también para no insistir en proyectos, como novedosos u originales, que han demostrado en diferentes y variadas oportunidades, que no resolvieron los problemas que los inspiraron como fracasadas soluciones.

“De que me sirve el conocimiento y sabiduría”, se lamentaba aquel hombre mayor, que en el transcurso de su vida, ha sido testimonio de honestidad, honradez y acuciosa formación profesional y política.

“Y ahora que he consolidado mi experiencia y conocimiento don Edmundo”, me decía “casi nadie me consulta y con gran estupor y tristeza, tengo que constatar  la necedad de que se repita la historia, con el agravante que por ignorancia y formación, tienen la petulancia de presentar las ideas como originales sin mayor rubor ni vergüenza”, lanzó la primera andanada de pensamientos fuertes, que me anticipaban una plática intensa y muy dinámica.

Para el efecto, les había pedido a varios amigos que me acompañaran a visitar a quién todos ellos consideraban un ser especial con un reconocido acervo intelectual y una vasta experiencia en el conocimiento de nuestra incoherente y siempre errática política nacional.

“Con todo respeto y educación señor y sin aceptar que las nuevas generaciones no aceptamos la experiencia como referencia histórica para no cometer los mismos errores”, se adelantó a plantear su posición Kennet Muller, joven estudiante universitario, que manifiesta un inusitado interés por la actividad política. Quisiera, continuó el joven, que me diera su punto de vista de por qué y  dónde se origina ese progresivo desinterés y desinformación por la política de la mayoría de los jóvenes, abordó de manera directa su duda.

El aludido lo vio con interés y comenzó a responderle. La caída del muro de Berlín en el año 89, sin duda alguna fue un hito en el surgimiento de una nueva visión universal de la política y los fundamentos de su razón de ser. Las Ideologías mi estimado Kennet, inició su respuesta el viejo pensador. El mundo se hizo unipolar, una sola potencia, se transformó en la referente del poder económico, político y militar, y su antagónica. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) sucumbió como potencia, no obstante tener las mismas características de dominación y hegemonía planetaria.

Y esto tiene una explicación teórica importante, que permitió la caída del imperio soviético y que parte de la prostitución de la propia teoría marxista por los líderes comunistas y que era su fundamento principal. Transformó la llamada dictadura del proletariado, de una fase transitoria en la teoría marxista, para transferir el poder  a la clase obrera, solamente durante el tiempo necesario para desmantelar el Estado burgués para dar paso a una sociedad sin clases y sin estado, en una utópica sociedad socialista, cuyo nivel de organización la llevaría a prescindir del Estado y fortalecer un proceso de autogestión, como base ética de la Sociedad comunista, donde ya no fuera necesario el Estado.

Desde luego Kennet, estoy haciendo una síntesis arbitraria de una doctrina que contenía análisis más complejos del sistema económico que anticipaba la desaparición del régimen capitalista y semi-feudal, por la contradicción de su propia dinámica que garantizaba la lucha de clases, como consecuencia de la explotación de los más débiles y el afán de lucro que animaba la economía liberal, que proscribía la intervención del Estado al mínimo necesario para garantizar la seguridad, servicios básicos y las relaciones internacionales y ninguna intervención en las llamadas relaciones sociales de producción, base fundamental de la economía. En la Unión Soviética la llamada Dictadura del Proletariado implantada por la Revolución bolchevique de 1917, en lugar de transformarse en una etapa transitoria, se consolidó finalmente en un Estado Totalitario, que en representación del proletariado estableció una dictadura, que monopolizó para sí misma todas las áreas de la producción, sometiendo a la población sin otra alternativa. Asumió en su desarrollo, las características de todos los imperios, que reclaman países satélites para subsistir, exportando su revolución socialista al resto de países del mundo, en franca competencia con los Estados Unidos de América (EE. UU.) que siendo sus aliados en la Segunda Guerra Mundial, frente a la Alemania Nazi, presentía que su próxima batalla, la tendría que librar frente al Imperio Soviético.

Y así fue hasta 1989 año, en el que una Alemania dividida en dos en su capital histórica por un muro, se decidieron a unificar  sus  poblaciones en una sola, inspirados por una nueva y visionaria dirigencia soviética que animó la democratización  de la  dictadura desde el interior del mismísimo Comité Central del Partido Comunista:  Mijail Gorbachov, el hombre que realmente cambió al mundo, desde su cargo de primer ministro, propició desde adentro el colapso de la Unión Soviética, iniciando el fin de la Guerra Fría, que entre otras cosas, a nosotros nos dejó como herencia sangrienta, el enfrentamiento interno: unos, el Ejército de Guatemala, como la Institución armada del Estado, defendiendo los valores de occidente y los EE. UU. y los alzados compartiendo los postulados de la lucha revolucionaria inspirada y respaldada por la Unión Soviética.

Ya cabeceando los presentes, se les notaba cierto  aburrimiento por la historia y era evidente que muy poco les interesaba conocerla y relacionarla con la realidad actual guatemalteca- Y haciendo notar esa inquietud, interrumpió  Leonardo Rosales, irredento líder popular que ha alternado su puesto en el  mercado La Placita con  la cátedra, en trabajo social y no ha faltado a citas aún más peligrosas, cuando de botar dictadores se ha tratado. Valiente y solidario, como pocos, sigue en la causa de servir y luchar por el prójimo. Quizá ese carácter volado lo hace a veces impaciente y práctico.

Un momento Leonardo, con la mano en alto lo calmo el hombre ilustrado en su afán de enseñar. “Aún no he terminado y ese es el problema desestimar la historia y en algunos casos, creer y más insolente aún, sin experiencia ni bagaje intelectual y político pretender incidir en la vida nacional, aceptando las ocurrencias como propuestas serias y lo más grave borrar la historia y entregarle nuestro presente a personajes que no nos conocen y nos catalogan como ignorantes y sin tradición. Lo que es una auténtica falta de respeto, queridos amigos…” hizo del regaño, el preámbulo del final o casi final de su historia.

Ese hombre excepcional en la historia del siglo 20, Gorbachov y que hace que nos avergoncemos del liderazgo mundial en esta época contradictoria y de grandes retrocesos en la cultura de la convivencia política, no hubiera podido realizar su meta de liberar a su nación, aunque finalmente no le fue reconocido del todo más admirado en occidente como héroe de la paz y liberación de su pueblo de lo que es en la Rusia actual y sus renovadas aspiraciones imperialistas. Gorbachov  no hubiera realizado su llamada Perestroika y el Glasnost que sintetizaba su ideal de apertura y transparencia sin el otro gigante de esa parte crucial de la historia contemporánea. El presidente Ronald Reagan de los Estados Unidos y el acompañamiento crucial y definitivo de la Dama de Hierro la primer ministra inglesa Margareth Tacher y el inefable Juan Pablo II, mi papa favorito, mi papa santo, quien pudo dar la cobertura espiritual que esa etapa belicosa y peligrosa del mundo, reclamaba de un líder religioso con su prodigiosa estatura.

Gorbachov y Reagan firmaron el tratado de no proliferación de armas nucleares, en plena efervescencia de aquel enfrentamiento que cada día nos llevaba al exterminio nuclear de la humanidad, recordó con los ojos brillosos a punto de soltar el llanto

Por esa razón me da mucha vergüenza que enterrando esa memoria histórica que hizo prevalecer la paz y la esperanza en un nuevo futuro de la humanidad, retorne  la amenaza nuclear impulsada por los nuevos y trogloditas amos de las naciones del mundo ¡Qué tristeza y qué pena!.

Y Guatemala entonces, insistió Lucero Barreno, estudiante universitaria, que con mirada inquieta se notaba que estaba ansiosa por profundizar en el conocimiento de su propia historia nacional.

La Unión Soviética, continuó, se sustentaba en el partido único: el Partido Comunista y después de su caída y desintegración, los Estados Unidos de América, se constituyó en un imperio Unipolar. Es decir, el más reconocido e importante de todas las naciones o conjunto de naciones de occidente. En la potencia económica, política y militar más importante e influyente del mundo. Y quienes se creían aliados ideológicos de esa potencia, en lugar de favorecer el pluralismo y una auténtica apertura democrática, sustentando un nuevo modelo, dado que todos nuestros conflictos se habían incubado en sus propios intereses económicos y conflictos internacionales, ajenos a nosotros mismos.

Por el contrario se proclamaron como vencedores de la lucha histórica de los dos imperios, se sumaron con quienes proscribieron las ideologías, ignorando la naturaleza del ser humano de soñar con sociedades más tolerantes y justas, se afirmaron en la tesis que los partidos políticos de estas regiones, constituían una dictadura similar al sistema del partido único de la unión soviética.  Y contando con el respaldo teórico de escritores como Francis Fujuyama politólogo estadunidense, que en un conjunto de ensayos titulados El Fin de la Historia, aventuró una tesis sobre los principios que rigen el orden social donde se pronuncia por la prevalencia de la Democracia Occidental sobre el régimen soviético y que fue escrito pocos meses antes de la caída del muro de Berlín. Y  sostuvo  la muerte o fin de las ideologías.

Pero al afirmar la muerte de las ideologías realmente proclamaba, el triunfo de una ideología sobre la otra.  Teoría difícil de explicar y a veces de entender, pero no de anular el mundo de las ideas, que prevalece y seguirá prevaleciendo hasta el fin de la humanidad.

En consecuencia el fin de aquella historia URSS versus EE. UU., ni por asomo sería la verdad de esa muerte de las ideologías, que la experiencia de hoy nos indica que perviven de distintas formas y con distintas manifestaciones. Incluso ahora con el aparecimiento del radicalismo musulmán como protagonista de una confrontación mundial en perspectiva. Así veremos la dinámica de un torrente de ideologías contrastantes que seguirán disputándose el dominio del planeta, ilustró más, el complejo tema.

Esa repercusión en nuestra tierra, hizo sentir en aquel momento que las élites económicas, habían triunfado sobre las doctrinas sociales y aceleraron un proceso para tomar de manera más directa y sin complejos el control de la política nacional. Como parte de esa estrategia denunció al sistema de partidos políticos nacionales, como similar al del partido único de la Unión Soviética, denominándole Partidocracia y decidió una manera de eliminar la estructura de partidos políticos que inauguraron la etapa democrática de Guatemala al abrigo de la nueva Constitución del 1985.

Este planteamiento, se vio favorecido con el  golpe frustrado de Jorge Serrano Elías, y que alentó a los jerarcas del sector económico reunidos secretamente en  El Salvador, a proclamar que había llegado el momento de tomar el poder total. Para el efecto, borraron de la escena a la dirigencia política de la época y destruyeron sus organizaciones partidarias, dando lugar al surgimiento de una nueva clase política que sin ninguna formación, tradición, organización nacional,  no duró mucho tiempo bajo su conducción. Muy pronto les dio la espalda y buscó en otros patrocinios emergentes, corrupción y narcotráfico, el soporte que sin límites, les permitió deshacerse del patrocinio de aquellos empresarios ambiciosos que se habían confabulado en el momento crítico de la salida de Serrano del país.

La nueva dirigencia proclamó su independencia, para someterse a los otros, que por lo menos les permitían sentirse y actuar como líderes nacionales, tomó respiro para terminar.

Ni se terminaron las ideologías, ni fue el fin de la historia, afirmó con énfasis, se desestructuró la institucionalidad partidaria, se mercantilizó primero la política y se prostituyó abiertamente, después, los empresarios perdieron poder real en la decisión política que habían proclamado. Los delincuentes se hicieron políticos y avanzaron sin obstáculos en el control de los cargos de elección popular a todos los niveles. Los aliados de los Estados Unidos fueron declarados adversarios en esta etapa crítica, a los enemigos del imperio, los transformaron en aliados estratégicos de una nueva visión de intervención sofisticada. Todos creen que son actores, pero nadie decide y, frente a la anarquía, la miedocracia sustituye a la democracia.

Sin darnos cuenta, el país se sume en la debacle que destruye y divide. De la que no  saldrá, si no enmendamos los errores estratégicos y tácticos rápidamente. O aquellos que creen que el movimiento funciona a su favor, se apoyarán mutuamente de manera incondicional y el resto, seguramente la mayoría, que se sienten lastimados por el nuevo marco de control político y de poder, se oponen frente a poderosas resistencias y algunos los indolentes, los grandes ausentes, negando la historia, negando el peso de su formidable pasado y testimonios de resistencia y de lucha.

No muy pocos y aumentando en número, los sacrificados de toda la vida, presentando batalla contra de la corriente y en grave riesgo de provocar una reacción mayor propiciada por la intransigente negación a sus derechos ciudadanos, apuntó nuevamente con gran preocupación.

“Y las nuevas generaciones, qué papel desempeñan en toda esta compleja realidad que nos plantea sabio amigo”, reclamó nuevamente Lucero Barreno.

De momento recobrar la corriente que privilegie los principios y valores, en esa dirección deben cultivar el culto al SER no al TENER que es el camino más corto para acercarse a la corrupción, la vida fácil, el disfrute apresurado, la cárcel y la muerte prematura. Participar apoyándose y conociendo la historia patria. Pensar que la soberanía no es un bien ajeno a su condición nacional y no debe de disminuirse su valor, mucho menos, aceptar que no tiene ninguno o que no vale la pena. Proponer sus sueños con la exigencia de transformarlos en el ideal y la  ideología de su grupo político y quizá lo más sabio, no pensar que lo saben todo. Bueno, les deseo  suerte y éxito en lo que emprendan.

Dimos por concluida la reunión, no pude evitar recordar que un año antes de la caída del muro de Berlín, estuve frente a esa fría construcción, que tantas vidas habían cobrado a quienes querían escapar de la dictadura del lado oriental. Por el llamado Chek Point Charlie (punto de chequeo Charlie). Espero que así se escriba, si no el gran e ilustre maestro Jorge Palmieri me recomendará con cariño, ser más cuidadoso, pude pasar al lado dominado por los comunistas de la época. Dos mundos diferentes, Alemania Occidental, ruidosa, con el entusiasmo del activo comercio y el intenso turismo dentro de una economía de consumo. La parte de Berlín oriental, llena de edificios uniformes y grises y pequeños automóviles todos iguales y del mismo color, cabezas bajas no tan intensas.

Me prohibieron, no obstante ser invitado del gobierno occidental, que tomara fotografías y que no me alejara del autobús asignado para evitar que me quedara sin transporte. Fue una intensa experiencia. Al retornar al lado occidental quise grabar mi nombre en el muro, pensando que quedaría para las otras generaciones que lo visitarán posteriormente. Con mucha dificultad y gran esfuerzo, tenía alma de acero y hormigón, pude poner con un punzón mis dos iniciales, esas que aparecen junto a Edmundo Deantés. Un año después, los gritos jubilosos de los oprimidos del lado oriental, rompían las cadenas, alentados  por las consecuencias de la liberadora política de Gorbachov, lo tiraban a pedazos y unificaban simbólicamente a la gran Alemania de hoy. Detesto los muros.

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