El Siglo

Un mal social a quitar: podemos

Me sugería el tema una noticia de Inglaterra señalando que las redes sociales sin duda ofrecen grandes posibilidades de socialización, pero para muchos son también una fuente de problemas, particularmente pesimismo…

El tema es más amplio: el pesimismo que afecta a la sociedad; el sentimiento como de miedo ante el negativismo  de algunos comentaristas ante proyectos social fallidos y ante diversas calamidades y que los presentan como amenaza la seguridad de la entera sociedad. Y nos trasmiten una cultura del negativismo: un verdadero problema.

Como consecuencia de ello no raramente conversaciones sobre la situación acaban en quejas pesimistas que producen como “un vacío en el estómago”. Y esto sucede  en cualquier tema del que se hable: se acaba frecuentemente en crítica destructiva. Y éste es el tema; no se trata de ocultar los problemas, sino de enfrentarlos: entonces el futuro es optimista.

Efectivamente hay que concretar y afrontar los problemas, pero abominar de los pesimistas: una especie que nos rodea y que hay que extinguir. Algunos de ellos, aunque reconocen que es frustrante comentar habitualmente sólo  los problemas (corrupción, violencia, gastos y transferencias gubernamentales incontroladas y un largo etcétera), se consuelan diciendo que “siempre hay algo bueno”… pero lo silencias.

Hay que afrontar los problemas… para solucionarlos. A todo nivel. Si no, se acaba con  mentalidad de noticiero malo: dime algo malo que yo tengo algo peor. Son  gente que parecen tener unos anteojos muy oscuros: ven la realidad, pero negra; y no pueden distinguir las cosas buenas ni los matices que alegran la vida. Pobres ellos, pero hacen mucho daño. Este pesimismo crónico puede ser sugestivo. Los pesimistas pueden tener razón al señalar cosas malas, pero tienden a exagerar los problemas, no dan soluciones y nos llevan a vernos como en un proceso degenerativo y sin solución. Y es falso: hay muchas cosas buenas: éstas hay que resaltar, más que las malas. Además, su enfoque es un pretexto excelente para la apatía y la comodidad.

El pesimismo es un peligro mundial, no sólo en Guatemala. Se hizo famoso hace un tiempo aquello de que un pesimista es un optimista bien informado. Algunos añaden que un optimista cree que vivimos en el mejor de los mundos posibles mientras que un pesimista teme que eso sea verdad. Y lo máximo fue la frase de un famoso economista: Soy optimista sobre el futuro del pesimismo: que se va acabar

El problema de fondo es que el que se complace en publicitar las desgracias, aunque sean verdad, contribuye a matar la esperanza, y ello mata la vida social. Por ello, cada vez que no reaccionamos radicalmente ante estos personajes –los pesimistas- estamos dejando que dañen la misma vida de la sociedad.

Hay razones para la esperanza, también para el desaliento. Pero debemos esforzarnos en ver lo positivo y el lado positivo de las cosas, incluso para la lucha para preservar nuestra sociedad. Lo contrario es suicida y tonto: ya hay problemas como para hacer uno más al propagar una actitud pública negativa y pesimista.

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