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COLUMNISTA
Por: Alejandro Palmieri Waelti

Durante esta semana nos hemos enterado, por distintos medios, acerca de algunos hechos y noticias en el ámbito político nacional e internacional que pareciesen ser del pasado. En el ámbito internacional, el ex director del FBI, James Comey, declaró ante el Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos sobre su interacción con el Presidente Donald Trump y su sumario despido que no hizo a través de un tuit, pero casi. Comey tuvo mucha atención mediática durante las elecciones de ese país cuando anunció las investigaciones por el uso ilegal de servidores de correo electrónico por parte de Hillary Clinton, lo cual ayudó a su derrota y al triunfo de Trump.

Ilustración GuilleEntonces, Trump y los republicanos lo alabaron; por el contrario, todos los demócratas lo atacaron y pidieron su cabeza. Después, cuando confirmó que estaba investigando a la campaña de Trump por influencia y apoyo de Rusia, todos los demócratas lo apoyaron y la mayoría –no todos- de los republicanos lo criticaron. No fue la totalidad de republicanos porque muchos de ellos aborrecen que Rusia haya influido en su elección. Así, los amores y odios a Comey han variado conforme le conviene a cada partido.

Ahora, estamos ante la posibilidad que se le haga impeachment a Trump, algo que se trajo abajo a otro republicano hace algunos añitos ya, Richard M. Nixon, por el espionaje ilegal a la sede del partido demócrata en sus oficinas del edificio Watergate. Ante esa posibilidad, Nixon renunció. Veremos que hace el señor Trump.

En el ámbito nacional, tres diputados de la bancada Convergencia, de marcada tendencia de izquierda, han presentado una iniciativa de Ley denominada “Ley de Tierras” algo que evoca al infausto Decreto 900 que, como aquel, propone la expropiación de las llamadas “tierras ociosas” y su entrega a campesinos. El texto de la iniciativa está plagado de terminología marxista, no digamos de ideología. Estos diputados puede que genuinamente crean que es una buena propuesta, pero los tiempos y la sensatez dan cuenta que no están en lo correcto. Su propuesta, como su ideología, están destinadas al fracaso.

“Los milennials andan en otro rollo y tal vez por eso es que la política como hasta ahora se ha dado les repugna. Pan para nuestros matates”.

Estos dos hechos y buena parte de la narrativa de los últimos meses me han hecho ver mi calendario más de una vez, para verificar el año en que vivimos, porque pareciese que regresamos a los años 50. Macartismo -solo que ahora es a la inversa- Rusia y Estados Unidos manejando conflictos by proxi como en la guerra fría, habladas de espionaje en Washington y de abuso de poder del Presidente gringo; por acá, unos señores -y señora, por favor- proponiendo decretos del siglo pasado.

Cualquiera diría que algunos se quedaron perdidos en el tiempo y siguen librando batallas inganables. Valdría la pena que esas gentes analicen la composición demográfica de Guatemala y se den cuenta que el segmento de los mayores de 65 años (que pudieron haber vivido aquellas épocas) es de los más pequeños y que la población de Guatemala es joven y esas ideas no tienen cabida en su vida. Piensan en producir e innovar, ver al futuro, no al pasado.

Los milennials andan en otro rollo y tal vez por eso es que la política como hasta ahora se ha dado les repugna. Pan para nuestros matates. Pero si el tema es regresar a los años 50, por mi parte propongo que se re instaure el uso de fedoras, los viajes en trasatlánticos y los almuerzos de tres martinis. Si vamos a regresar al pasado, ¡hagámoslo bien!

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