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Guatemala-México: recuerdos del porvenir

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La visita oficial realizada a Guatemala por el presidente de México, Enrique Peña Nieto, marca una pausa en el ensimismamiento del acontecer político nacional y llama a levantar la vista, para ver más allá del Suchiate y el Usumacinta, pero sobre todo más allá del momento actual y, por consiguiente, para empezar a atisbar los recuerdos del porvenir.

El telúrico ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, con los aún imprecisos ajustes en sus relaciones con el Caribe y Latinoamérica, especialmente con México y con el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) marca nuevamente, en la bicentenaria historia republicana común, la ruta del reencuentro estratégico.

El énfasis de Trump en la cuestión migratoria (muro incluido), su intención de revisar y renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la recientemente conocida intención de “ajustar” el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica, ponen sobre el tablero la necesidad de, por lo menos, contactos más activos (si no es posible llegar a estrategias comunes) entre México y Guatemala, frente a la superpotencia continental.

Aunque en las informaciones públicas sobre la visita de Peña Nieto ese sustrato no se menciona, hay una lógica que compele en tal dirección. Desde el breve imperio de Iturbide hasta la actualidad, pasando por el liberalismo juarista, el porfiriato y su derrumbe por el empuje de la revolución popular de 1910-1917, los gobiernos del nacionalismo priista y la crisis caribeño-centroamericana de finales de los años 70 del siglo pasado (destacadamente el tercerismo del Grupo de Contadora), una clave en la definición y la lectura de las relaciones México-Guatemala se encuentra en el alineamiento respecto de o frente a EE. UU. El momento actual no es la excepción en cuanto a esa clave de la geopolítica mesoamericana.

“Las políticas de Trump actualizan la necesidad de, por lo menos, contactos más activos entre México y Guatemala, frente a la superpotencia continental”.

Por el contrario, aun con toda la deteriorada legitimidad social y política (que no legalidad) de los gobiernos de Peña Nieto y Jimmy Morales, la coyuntura abierta por el ascenso de Trump obliga a revisar la historia y ver hacia delante, promoviendo la cooperación bilateral y regional sin la tutela imperial. Y lo que vale para el cortísimo plazo, crece en la perspectiva de cambios políticos relevantes probables en México en el marco de los comicios presidenciales de 2018.

El resultado de las elecciones para la gubernatura del Estado de México, efectuadas el domingo último, confirma que el país vecino puede reencontrarse con su tradición histórica progresista y darse un gobierno que rompa con el fracasado modelo neoliberal.

Si en Guatemala las corrientes democráticas y progresistas logran descifrar el acertijo de su unidad y formular de un proyecto de transformaciones viables, que conquiste amplio respaldo popular en 2019, puede producirse una convergencia binacional como no se ha observado desde los años 40 del siglo pasado. Esos son los recuerdos del porvenir que convienen a ambos lados del Suchiate.

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