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NUEVO

Así parecen estar las cosas en Guatemala. En los organismos del Estado y las entidades autónomas y descentralizadas rara es la dependencia que funciona bien. Todo o casi todo presenta enormes deficiencias, que desesperan al ciudadano y abonan el terreno para la prédica fundamentalista de menos Estado y más mercado. Quienes acogen ese discurso se disparan en un pie, porque hay tantísimos ejemplos en la historia que demuestran que la falta de Estado y su desmantelamiento a tontas y locas, solamente agrava los males, especialmente para los más pobres pues quedan como las sardinas, expuestos a la voracidad del tiburón.

Tenemos entre los casos que lloran sangre la ineficacia del Registro Nacional de las Personas (Renap) .Una institución carísima, que cobra sumas elevadas por servicios de pésima calidad. Por ejemplo, si usted tramita su DPI, que tiene un costo, debe pagar por una certificación de nacimiento que el mismo Renap extiende. Se justificaba cuando los registros civiles eran manuales y manejados por las municipalidades, pues el registro de vecindad estaba en la misma municipalidad, pero con libros diferentes.

Actualmente, cuando se supone que todo está en una misma base de datos, no hay justificación. ¿Cuál es la razón de la ineficacia del Renap? La corrupción y la ineptitud de sus autoridades, que la convirtieron en una piñata. No hay motivo para sostener una junta directiva onerosa e inútil. ¿No sería mejor una dirección manejada por personal seleccionado a través de convocatorias pú- blicas, desde el primero hasta el último? Aprovechar para poner en práctica los procesos de selección que, desde 1968 están señalados en la Ley de Servicio Civil.

Vino la tragedia del hogar Virgen de la Asunción, al que se le agregó seguro porque era la etiqueta del partido Patriota. Todo pretendió ser seguro: comedores seguros, empleo seguro, etcétera. Al final, lo único seguro fue el latrocinio. Y salen con la ocurrencia de crear un nuevo elefante blanco, el Instituto de Protección de la Niñez. Se considera que el remedio mágico y universal es crear entidades descentralizadas.

En el Código de Migración, actualmente en suspenso por la Corte de Constitucionalidad, está la amenaza de otro instituto más. Respecto a la atención de niños y adolescentes abandonados, en riesgo o en conflicto con la ley, lo que se requiere es revisar a profundidad las funciones de la Secretaría de Bienestar Social. Una secretaría que fue creada antes de la vigencia de la actual Constitución, pero que está en conflicto con lo señalado en la Ley del Organismo Ejecutivo, respecto a que las secretarías de la Presidencia no pueden ejecutar programas o proyectos. Las actividades de la secretaría son una especie de tutti frutti.

Hay que ver a qué ministerios les corresponde, por su naturaleza, administrar cada uno de los componentes de la SBS. La regla general debe ser fortalecer los ministerios. Simplificar sus estructuras administrativas y simplificar nuestra inútil e hipertrofiada institucionalidad. Solo el Ministerio de Educación tiene 4 viceministros y 23 direcciones generales. Y, nuevamente, establecer el servicio de carrera de las direcciones generales para abajo. No se cae en la cuenta que en la raíz de todos los problemas institucionales están los ya señalados para el Renap.

La corrupción y la ineptitud. Que combinados, tienen efectos letales. Veamos también el caso del Ministerio de Comunicaciones. Después de casi año y medio en funciones el ministro solicita al Ministerio Público y a la Contraloría que recojan pruebas en el tramo carretero contratado con Oderbrecht. Siembre decía que no podía hacer ninguna reparación en esa vía, vital para la población y la economía, porque se perderían pruebas necesarias para el proceso.

Pero ¿por qué hasta ahora pide esos exámenes? ¿Por qué no los pidió hace un año? Si las entidades correspondientes no tomaban cartas en el asunto, podía denunciarlas penalmente por incumplimiento de deberes. Las leyes siempre dan un camino para actuar. No conozco de un caso que lleve a un callejón sin salida. El problema es que los ministerios carecen de personal con el conocimiento y la experiencia necesaria para encontrar esos caminos, porque cada nuevo ministro llega con su gente de confianza, a barrer con funcionarios medios y bajos.

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