El Siglo

El mundo sin EE. UU. en lo climático

Al  final, ni los ruegos del Papa Francisco fueron suficientes para convencer a Donald Trump  en continuar apoyando la participación de Estados Unidos como uno de los principales países signatarios del acuerdo climático de París. Este acuerdo fue apoyado categóricamente por 195 países, en París, al final de la reunión de diciembre de 2015. Y antes de cumplirse el primer aniversario de lo mismo, ya había sido firmado bajo compromiso adquirido en el mismo acuerdo, por 147 de los países asistentes en aquella reunión.

El acuerdo busca evitar que el calentamiento global alcance 2 grados centígrados por arriba de las temperaturas promedio máximas registradas en la actualidad, también comparativamente con aquellas que privaban en épocas pre industriales. Los riegos implicados por dicho calentamiento, que deberá  de reducirse mediante los esfuerzos concertados por todos los países comprometidos, antes de llegar al 2030, son el deshielo de los casquetes polares y los glaciares en las principales cordilleras del mundo, consecuentemente, el ascenso de los niveles del agua del mar que amenaza con engullir por severas inundaciones, a multitud de poblaciones hoy asentadas en riberas oceánicas, incluyendo aquellas de primer orden por sus dimensiones, como New York, Miami, Hong Kong, Shanghái, Hamburgo, Londres, etc. Por otro lado, tormentas, vientos y sequías extremos que amenazarían la vida misma de millones de personas en esas localidades, además de las consecuencias económicas que lo mismo acarrearía.

“El acuerdo fue apoyado por 195 países”

Antes de retirarse del cargo, Barack Obama efectuó un aporte de la tercera parte de los US$3 millardos que Estados Unidos había comprometido en el 2010, esto como su contribución al Fondo Climático de Naciones Unidas. Ello como parte de un compromiso de los países del grupo de la OCDE, en constituir un fondo de aportes anuales sustanciales a los países con mayores riesgos climáticos, anualmente y hasta el 2020. De esta cuenta, los países en desventaja recibieron en el 2014, cerca de los US$62 millardos, por arriba de  unos US$ 52 en el 2013.

No obstante tales magnitudes elevadas para lograr este cometido, al que contribuyen los países OECD, los costos de poner en operación a nivel global, las energías limpias como la solar y del viento, se han visto reducidos sensiblemente en los últimos tiempos, gracias a los avances agresivos en la tecnología. De esta manera, se cree que estos mismos avances permitirán quizá reducir paulatinamente, los requerimientos en dinero y tiempo estimados para cambiar en lo posible y de acuerdo a las metas acordadas, los esquemas energéticos clásicos a ser sustituidos por las nuevas energías.

Los países de la unión europea, han concluido que contribuciones de Estados Unidos, tales como la efectuada anualmente al Panel Intergubernamental del Cambio Climático que asiste a dichos países como un grupo dedicado de científicos que monitorea en el día a día, es de US$3.1 millones. Suma poco significativa como para que otra nación no pueda de asumirla.

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