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Esta semana hubiera estado de cumpleaños John F. Kennedy, personaje que supo ganarse la admiración de todo un país junto a su elegante esposa, y por qué no, si son una de las parejas más distinguidas y sofisticadas que haya visto Estados Unidos en la Casa Blanca. Aún y con todos sus errores políticos. Fue en Dallas, Texas, que se produjo el asesinato de este recordado presidente de Estados Unidos. Y cabe mencionar que aún predomina la duda sobre quién mató a Kennedy.

En el libro del chileno Robinson Rojas se habla sobre una conspiración de grupos de poder que mandaron a eliminar al presidente por intereses personales. Y al poco tiempo matan a su asesino, Lee Harvey Oswald, para callarlo, muy similar a la novela de Byron Lima por estos lares. Kennedy asumió el liderazgo del ala liberal del Partido Demócrata y reunió a un grupo de jóvenes políticos con talento, en el que se encontraba su hermano y director de la campaña, Robert F. Kennedy.

El 20 de enero de 1961, toma posesión JFK como Presidente No. 35 de Estados Unidos. Fue el presidente más joven y el primero católico de la historia de Estados Unidos. Kennedy, entre tanto, fue severamente criticado por ciertos acontecimientos como la invasión a Bahía Cochinos, en la cual las tropas partieron desde nuestro país, intentando una frustrada invasión a Cuba y a las políticas de Fidel Castro. Kennedy in Power:

A Critical and Skeptical Analysis (1961), escrito por el profesor James Tracy Crown y George P. Penty, menciona que “hasta la invasión a Cuba, la mayoría de americanos estábamos encantados con nuestro nuevo y joven Presidente. Un shock extremo se produjo seguido de una reexaminación a profundidad de las políticas de la administración Kennedy.” Empero, me rehúso a aceptar con tanto desgano la presidencia de Kennedy. Recordemos que es el presidente que más popularidad tiene en la mente de los estadounidenses, y aún antes de la melancolía y el mito, en tiempos de su mandato Kennedy logró uno de los niveles más altos alcanzados nunca por un presidente estadounidense, con el 83% de índice de popularidad en 1961.

Lo que resulta interesante del mandato de los Kennedy es que en ese tiempo se vivió un despertar cultural y artístico en Estados Unidos: se vistió de elegancia y sofisticación una cultura que siempre ha estado necesitada de cultura, y que encontró un punto de referencia en la pareja presidencial. Jacky Kennedy, con vestidos mandados a diseñar exclusivamente por Oleg Cassini para cada evento, mandó a restaurar la Casa Blanca al considerarla vacía de historia, y en su lugar puso muebles originales de épocas antiguas.

Genios del marketing político sin existir aún el término, su carisma como pareja fue transmitido a grupos minoritarios, como hispanos, en donde Jackie Kennedy, que hablaba 4 idiomas, se dirigía a los futuros electores. Y así terminó el legado de Camelot, un respiro en medio de todos aquellos años en Estados Unidos, y una ilusión de haberle dado lo más cercano a un reinado que ese país habrá de tener.

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