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¿Tiene límites la comunicación y la libertad de expresión?

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Por: Carmina Valdizán

Esta semana se hizo pública una imagen de la comediante Kathy Griffin, en la que sostiene en la mano una cabeza decapitada, del presidente estadounidense, Donald Trump. La imagen fue ofensiva para muchos, además de ser de mal gusto.

Respeto del derecho de Griffin de estar en contra del presidente de los Estados Unidos, y defiendo su derecho a expresarse libremente. Pero otra cosa muy distinta, es exceder ese límite. Se preguntarán ustedes ¿cuál es el límite? El límite es una línea divisoria muy sutil y poco perceptible. Ese límite lo dicta el sentido común y la razón.

Es correcto y hasta sano que en una sociedad existan críticas a sus gobernantes y a su forma de gobierno, pero otra muy distinta es llevar esa crítica a extremos que no logran absolutamente nada positivo. Es más, la comediante que era copresentadora del espectáculo de Año Nuevo, de la cadena de noticias CNN fue despedida, debido a esta fotografía. En publicidad es importante llamar la atención, pero no llevada a extremos.

“En publicidad es importante llamar la atención, pero no llevada a extremos”.

Es un hecho que si se vive de la vida pública es bueno que ser mencionado con frecuencia, en principio no importa si hablan bien o mal, lo importante es ser mencionado. Las celebridades y los artistas recurren a este método para llamar la atención y para ello generan comportamientos y conductas que dan de qué hablar. El problema es que muchos exceden ese límite y pierden el respeto de su audiencia y se convierten en una caricatura de ellos mismos.

Sin embargo, en el mundo del espectáculo nada es duradero ni permanente. La comunicación es eficaz cuando nuestro mensaje llega a ser captado, entendido y difundido por quienes son los receptores del mismo. Conductas extremas de ese tipo son como una llamarada de fuego que se extingue rápidamente. «Llamaradas de tusa» como decimos en buen chapín. Fuera de dañar la reputación y credibilidad de la persona, no tienen un impacto a largo plazo.

En Guatemala es más frecuente que los políticos y los generadores de opinión recurran a esta forma barata de llamar la atención, que los artistas y celebridades. Y digo barata, porque es fácil crear controversia y dar de qué hablar. Lo difícil en nuestro medio es difundir el mensaje y ganarse el respeto y la admiración de los demás.

El problema es que políticos y generadores de opinión no se han dado cuenta que a un artista es fácil perdonarlo y olvidar, mientras que de ellos esperamos una conducta profesional y ética. ¿No son ellos de quienes dependemos para gobernar el país y estar bien informados? La conducta de esta comediante unió a defensores y detractores del presidente Trump al reconocer que este había sido un extremo que no debe ser permitido. Por supuesto que no faltó el que intentó defenderla, argumentando que el pastor extremista, Terry Jones, había ahorcado y quemado una figura del expresidente Obama.

Que existan antecedentes de ese tipo de conductas, no justifica las mismas. Es incorrecto en ambos casos.

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