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Fábula del ajedrez parlamentario guatemalteco

editorial

Bajo una perspectiva metafórica, el hemiciclo parlamentario se asemeja a un juego de ajedrez. Sobre el tablero parlamentario guatemalteco, hay una serie de piezas que se mueve a conveniencia, de conformidad con ciertas reglas. Dentro de las más antiguas piezas que se deslizan sagaces, destaca un habilidoso multicolor caballo, famoso por la altura de sus saltos y su habilidad para amenazar y defender simultáneamente; a la vez de mutar el color del grueso cuero que le recubre cada vez que su permanencia dentro del juego se ve amenazada por distintas causas.

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En esta ocasión, el equino, quien actualmente ostenta un tono de piel verde se encuentra amenazado por el hallazgo denunciado por una torre legítimamente construida, de conformidad con las reglas, destinada a resguardar la calidad del gasto público estatal, cuyas declaraciones han caído como saetas en la “inmaculada figura” del verde caballo, señalando su responsabilidad en la contratación anómala de cerca de un mil 375 peones verdes, durante la movida 2016, cuando presidió el centro del tablero parlamentario de Guatemala.

Al sentirse acorralado, sus furiosas coces no se hicieron esperar. Entre resoplos y relinchos, intentó justificar su proceder lavándose los cascos con otras piezas del tablero e intentando desacreditar los hallazgos en su contra, relinchando que “es un burdo complot con el fin de desacreditarle”, perpetrado como consecuencia de su reciente alianza con dos de los más poderosos alfiles que operan el Poder Judicial en el país, y amenazó a los funcionarios encargados de la fiscalización del gasto público con aplicarles la justicia por haber osado amenazar su ya prolongada permanencia de 33 años, en un juego plagado de corrupción y manejo opaco de los fondos, la cual, declaró el verde equino, siempre ha existido y que como fue él quien se lanzó en contra de la misma, hoy es objeto de persecución.

Al analizar las declaraciones del caballo vale decir que estas representan una tácita aceptación de su coparticipación en los hechos que le son endilgados por parte de las autoridades de la institución, encargada de garantizar el manejo transparente de los fondos públicos, pues al señalar que la corrupción siempre ha prevalecido en los cuadros que componen el tablero, se convierte en cómplice por la debida omisión de denuncia, mientras que sus furiosas coces en contra de quienes cumplen con la función constitucional de garantizar la transparencia en el gasto público, de conformidad con las reglas del juego, representan un nuevo intento por evadir políticamente una responsabilidad penal, lo cual deja abiertas dos interrogantes. ¿Logrará el “inmaculado” caballo verde saltar una vez más y permanecer sobre el podrido tablero? O ¿Será esta su definitiva y esperada salida de la contienda por la transparencia y la legalidad?

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