Home > Columnas > Otra PNC
NUEVO

No confiar en las instituciones es una  característica de una sociedad donde la democracia jamás podrá consolidarse.   Razones de carácter histórico para no confiar sobran: Sus miembros cargan sobre sí una nube negra (actos de corrupción),  aparente incapacidad, falta de entrenamiento…etc.

.

O simplemente, no parecen ser capaces de mercadear la apariencia de capacidad.  Caso inverso sucede con la percepción que se tiene con respecto al efectivo militar que realiza tareas de seguridad. Esa medida – efectivos militares en calle-  tiene una enorme popularidad en Guatemala. Pero entre quienes le favorecen, pocos se cuestionan si han sido formados para comprender cómo funciona la sociedad civil, si están capacitados en materia de DDHH  y garantías ciudadanas.  Prueba de ello es el lamentable hecho sucedido en la cumbre de Alaska durante la administración del gobierno patriota.   Sí, es cierto, a veces la ciudadanía es rebelde, terca, mal educada pero eso no justifica que nos disparen.  Eso no justifica el abuso físico.  Incluso, cuando determinados contextos comunitarios recurren a medidas de hecho, la primera opción institucional no puede ser romperla por la fuerza.  Hay tácticas de diálogo y conciliación.  Y eso no es algo que los ´progres europeos´ impongan en Guatemala, es la forma cómo las cosas funcionan en países civilizados donde el uso de la violencia no es, la primera – y única- opción del manual.

La Policía Nacional Civil  guatemalteca (PNC por sus siglas) recibe quizá críticas no necesariamente justas en relación a los esfuerzos y los resultados que realiza.  Si se hiciera un conteo detallado del número de estructuras criminales que han sido desarticuladas y detenidas en los últimos seis meses,  los atentados que han sido frustrados (conteniendo la amenaza real de las pandillas), el trabajo de inteligencia que se utiliza para mapear y posteriormente desarticular estructuras o confiscar armas,  quizá se hablaría en términos mucho menos despectivos con respecto a que los ´chontes no atinan a una´.   Ese trabajo de inteligencia coordinado – incluso con instituciones extranjeras-  ha sido la clave para resolver casos mediáticos recientes.

No se trata solamente de decir que, lo bueno que se hace (que no es poco) es su obligación.   Cumplir con el deber en medio de un contexto de carencias producto de una histórica estrategia deliberada para no fortalecer los esquemas de seguridad civil es bastante loable.  La PNC ha tenido, durante la actual dirección un performance que marca diferencia, tanto a nivel de la dirección de la PNC cómo de la Subdirección de Investigación Criminal. Esto hay que decirlo, no ha sido un resultado producto de la combustión espontánea sino, de un larguísimo proceso dentro de la agenda de la reforma policial. Y que ahora rinde frutos.  La actual cúpula policial ha concluido un proceso de formación académica a nivel de posgrado que los certifica cómo profesionales en materia de estudios estratégicos y prospectiva.  Esto es un logro que muestra la importancia de las alianzas público-privadas: El Estado busca capacitar a sus perfiles y las Universidades privadas – pensando más allá de la cuota-  colaboran en el fortalecimiento de las instituciones proveyendo insumos académicos que entrenen a los participantes para poder interpretar inteligentemente la realidad.    En el desarrollo de estos programas de postgrado hay estudiantes, que en medio de su tarea profesional, la cual conlleva situaciones de vida o muerte, maratónicas jornadas de trabajo, situaciones de estado de sitio, ataques del crimen organizado,  aún así, asisten, cumplen, se aplican sin quejarse y ganan.

Si esa responsabilidad es reflejo del compromiso también institucional, hay mucha esperanza para el país.

.
.

Leave a Reply