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¡Es la economía, estúpido!

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Por: Alejandro Palmieri Waelti 

Fui invitado a un taller la semana pasada en el que participaron personalidades del mundo político, empresarial, académico y de la comunicación. Puedo decir con humildad y certeza que yo era el más pelado y menos conspicuo del grupo. Siendo así, me sentí privilegiado de compartir tiempo e ideas con estos personajes. En ese taller volví a escuchar una palabra que escuché por primera vez en la “U”: catalaxia, un término utilizado por Mises y Hayek. El término se refiere al libre intercambio de bienes y servicios entre individuos sin compartir fines comunes; lleva implícito el pasar de desconocidos/enemigos a ser conocidos/amigos.

Ilustración. Guille

I. Guille

Ese término fue empleado para hablar de economía entre individuos, distinta a la ciencia Económica que ahora trata sobre todo en términos macro económicos. Catalaxia es pues, lo que ocurre a diario en los mercados cantonales, municipales y en las calles entre vendedores ambulantes y consumidores. En mi opinión, esa es la economía que importa, la de la calle, más que la de las aulas, los tanques de pensamiento, o la que se discute en foros multilaterales; la economía que aprieta todos lo meses para pagar cuentas de colegio, servicios, combustible, rentas y si, también para pagar impuestos.

Esa economía ha venido siendo afectada por las acciones de la SAT y MP/CICIG. Por favor, no se me malinterprete, no abogo por la evasión ni por la impunidad, pero ¿dígame usted si no ha sentido afectada la economía? Más allá de las acciones, es el método utilizado para llevarlas a cabo. La forma en que han hecho enormes aspavientos de lo que es simplemente su función (el cobro de impuestos no pagados o el enjuiciamiento de acusados de delitos) cada día parece más un deseo de grandeza y loa de quienes las llevan a cabo y no el cumplimiento de su función lo que los mueve. Cobren impuestos, procesen a sindicados, punto. Pero la forma mediática en que han llevado a cabo tales acciones ha tenido un efecto negativo en la economía de la calle perceptible por usted y por mí, ¿a que sí? Ese efecto nocivo ha sido señalado por formadores de opinión, agentes del mercado, y ahora también es un hecho insoslayable para la CICIG que en los últimos días ha tuiteado haciendo alusión que la economía será mejor por las acciones que ellos han tomado.

Apuntan que la certeza jurídica promoverá inversión, ¡vaya novedad! Lo que evidentemente no quieren reconocer es que sus acciones como las han llevado a cabo- promueven incertidumbre, provocan miedo en los inversores y, ante ello, se prefiere no invertir.

Acá hay que mencionar ineludiblemente el retardo malicioso de la Corte de Constitucionalidad en no resolver el caso de las hidroeléctricas Oxec I y Oxec II. ¡Vaya certeza jurídica la que promueven! Qué cómodas las Magistradas, desde sus poltronas, retardando un fallo que afecta no solo cientos de millones de dólares en inversión, sino miles de plazas de trabajo que proveen ingresos a miles de familias.

Mientras escribo estas líneas, el fallo lleva más de 90 días de retraso. ¡Menos mal que la Magistrada Gloria Porras implementó un sistema eficientísimo para resolver los procesos en tiempo! El título de esta columna hace alusión a la famosa frase de James Carville que diáfanamente identificó lo que más afecta a la gente, al pueblo, al votante; la zozobra e incertidumbre es algo que los aliados de los que la han provocado con sus mediáticos operativos seguramente van a pretender cosechar en las urnas en las próximas elecciones.

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