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En Austria, Holanda y, más recientemente, en Francia, la derecha y la extrema derecha sufrieron consecutivos reveses. La candidata nacionalista y racista Marine Le Pen sufrió una derrota peor de la esperada, 65 contra 35, por parte de un nuevo movimiento político que defiende valores humanos y de apertura. Fue el triunfo de Emmanuel Macron, impulsado por un movimiento social que, a su vez, forma parte de un conglomerado más amplio en el mundo que lucha por detener el cambio climático, salvar la biodiversidad, democratizar el sistema político y proteger la libertad en Internet.

Hombres y mujeres trabajaron mucho por ayudar a que Le Pen no llegara a la presidencia y que Macron alcanzara el poder, un líder que comparte muchos valores de hoy, incluyendo el apoyo a una Europa fuerte, la lucha contra el cambio climático y la creación de un mundo abierto e inclusivo que celebre las diferencias en lugar de despreciarlas. Para la mayoría de franceses este triunfo fue motivo de celebración. Hoy, lamentablemente, hay una gran ofensiva de la derecha y la extrema derecha, en todas partes del mundo. Se utiliza una peligrosa retórica llena de odio y descalificación, para revivir viejos fantasmas, como el comunismo inexistente, que busca dividir a la sociedad y destruir los avances democráticos.

En América Latina estas ofensivas se dan contra todo aquello que signifique la posibilidad de un giro a la izquierda, donde los países puedan ejercer cierto grado de independencia y soberanía. Los ataques vienen desde la destitución de Lugo en Uruguay, hasta el reemplazo de Dilma Rousseff, en Brasil; desde los intentos de descalificar las elecciones en Ecuador, donde ganó las elecciones el partido de Rafael Correa, hasta las protestas callejeras, el boicot económico y la labor golpista del secretario general de la OEA, en Venezuela.

En Guatemala, donde no existe una izquierda organizada, el discurso es contra las reformas constitucionales. A partir de ahí se genera un coctel de calificativos para todo aquel que apoye las reformas, así sea el embajador de Estados Unidos o el presidente de las cámaras empresariales. Las organizaciones indígenas retiraron de la propuesta el artículo que les confería derechos, ya que esa era una excusa para detener el proceso de aprobación de las reformas. Eliminado ese artículo continuó la polémica de si el Consejo de la Carrera Judicial podía tener la potestad de elegir magistrados, en lugar del Legislativo a través de propuestas filtradas en las comisiones de postulación.

Estas comisiones perdieron credibilidad, por lo cual, sin cambios, el sistema judicial continuará, en muchos casos, alimentando la corrupción y la impunidad. Sin un debate serio, sin un acuerdo y sin reformas electorales de fondo, la incertidumbre y el descontento aumentan día a día. El país espera, ansioso, que los resultados de la investigación por los casos de soborno de Odebrecht permitan el relevo de muchos de los actuales diputados. Eso sería algo así como una luz en la oscuridad.

 

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