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¿Asesinar a la fiscal general?

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El 17 de mayo la Cámara de Representantes de los Estados Unidos emitió una resolución, respaldando la lucha contra la corrupción en Guatemala. Cualquier pronunciamiento en ese sentido se agradece, pero resulta imperativo interpretarlo en su justa dimensión, ya que al examinarlo con detenimiento, se observa una astuta manipulación de los congresistas por parte de malintencionados lobistas entre quienes seguramente se encuentra el embajador Todd Robinson.

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I. Guille

I. Guille

La parte toral del pronunciamiento hace referencia a que, derivado de su trabajo, Thelma Aldana e Iván Velásquez corren el riesgo de perder la vida, ya que constantemente dice el informe de la Cámara de Representantes son amenazados de muerte, lo que me recuerda la conveniente desaparición por más de un mes de la fiscal general, inmediatamente después que Juan Carlos Monzón la implicara en el caso conocido como El Bodegón.

A los pocos días, Aldana y el colombiano Velásquez resultaron “descubriendo” un plan para asesinar a la fiscal general, que hizo imperativa su salida del país; una patraña cuya verdadera intención era retirar del ojo de la opinión pública a la fiscal general, para diluir las graves acusaciones de Monzón. Recientemente, de nuevo, la fiscal resultó descubriendo otro atentado en su contra, afirmando que había varios capturados, pero no por el atentado, sino en relación a otro caso, un trabalenguas que la prensa repitió como cotorra, pero sin pedir explicación alguna al respecto de los supuestos implicados en el complot ni detalles acerca del mismo.

No creo que nadie esté pensando en asesinar a Thelma Aldana y al colombiano Velásquez, y realmente molesta que resulten con disparates de tal naturaleza y que la prensa no ahonde en ellos, como ocurriría en un país con una periodismo independiente, y que en base a esas mentiras, aprovechen la proverbial ingenuidad de los congresistas estadounidenses, para que emitan una resolución salpicada de mala fe por parte de quienes influyeron en la forma de su redacción, vendiéndose fácilmente como lo que no son: personas correctas.

Si no, vea usted el papel que hoy juega Thelma Aldana, al cubrir con un grueso cuero de impunidad a Mayra Véliz, su segunda de abordo en el Ministerio Público, rechazando una orden de juez que urgía el nombramiento de un fiscal especial para investigar a Véliz por graves delitos. Resulta una paradoja que hace pocos días se nombrara un fiscal especial para investigar al presidente de los Estados Unidos, y aquí no se acate una orden judicial para investigar a la comadre de la fiscal general.

Las redes sociales se saturaron desde el jueves con un video en el que Michelle Dardón, jueza de un juzgado de Femicidio, hizo públicos los abusos de Mayra Véliz, al coaccionarla a ella y a otros jueces para resolver de acuerdo a los requerimientos del MP, a pesar que este no presente las pruebas adecuadas en contra de los sindicados, además de su afición patológica por las escuchas telefónicas ilegales, por lo que ya se interpuso una querella nueva en contra de la secretaria general de esa institución.

Por supuesto que queremos la lucha contra la corrupción, pero no encabezada por corruptos como Thelma Aldana e Iván Velásquez, personajes que le cuentan cuentos a los congresistas en los Estados Unidos.

 

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