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Comentábamos hace unos días con un amigo exalcalde de los que cuesta encontrar, pues salió de la municipalidad casi como entró que a pesar del gran número de exfuncionarios sujetos a proceso, los corruptos no parecen estar asustados. Se la juegan, esperando suerte, pues el único motivo por el que llegan a un cargo es para “sacar la tripa de mal año”.

I.GUILLE

I.GUILLE

El caso del exdirector y de muchos funcionarios del sistema penitenciario, con su evidente complicidad en el caso de La Patrona, lo pone de manifiesto. También continúan las prácticas de convocar cotizaciones o licitaciones dando menos de una semana de plazo para presentar ofertas, lo que huele a lo que se llama “a compadre hablado”. Otra muestra de intolerable descaro es el pago hecho por la municipalidad de Santa Catarina Pinula al exalcalde que renunció para lanzarse a la campaña por la alcaldía capitalina, pues resulta claro que era indispensable registrarse como vecino del municipio de Guatemala para postularse y para ello debía renunciar.

El concejo municipal de Santa Catarina no tiene facultad para acordar un pago adicional a las remuneraciones legales – sueldo y dietas por las sesiones del concejo – para un alcalde que renuncia, aunque así hubiera “cambiado la historia” del municipio, cosa que tampoco hizo. Su prolongada administración fue un auténtico bluf (término admitido por el Diccionario de la Lengua Española), avalado por el “Ranking de Segeplán”, pues como buen camaleón siempre estuvo plegado al gobierno de turno.

Del siglo XX a la fecha solo hay un antecedente de un pago a favor de un funcionario por una razón parecida a la que adujo el nada honorable concejo pinulteco. Fue con el dictador Ubico, cuando una dócil Asamblea Legislativa decidió obsequiarle Q200 mil, porque “merecía el bien de la patria”. Cualquier persona que renuncia de un cargo público o de un empleo en lo privado, sea de cualquier tipo y de naturaleza el empleador, no puede reclamar indemnización, que no es otra cosa que el resarcimiento por el daño o perjuicio causado por un culpable en materia laboral el empleador hacia la víctima  el trabajador, cuando se le despide injustificadamente, de manera directa o indirecta.

 Así que es improcedente que el ex alcalde reclame, y que el concejo acepte, el pago de indemnización cuando renunció del cargo. Es más un funcionario electo para un período determinado, como un alcalde, diputado, magistrado, no puede reclamar indemnización al concluir su período, pues no se le despide. Simplemente cesa en el cargo y no puede mantenerse en él, pues en caso contrario incurriría en usurpación de atribuciones. Pero en esto, los magistrados constitucionales han dado un pésimo ejemplo.

La Ley de Servicio Municipal señala que los empleados de confianza, como puede ser un secretario o director no están sujetos a las disposiciones en materia de nombramiento y despido. Si un funcionario de menor jerarquía que el alcalde es incluido entre los que tienen derecho a indemnización, menos puede serlo el alcalde. Ante ese alevoso asalto que le costó a los vecinos de Santa Catarina más de Q 3.4 millones, es indispensable que el Ministerio Público y la Contraloría de Cuentas actúen con toda celeridad y eficacia. Se trata de una burla a la corriente ciudadana en contra de la corrupción y una muestra descarada de voluntad para mantener las prácticas ilegales. Los valientes miembros del concejo de Santa Catarina ya hicieron su parte. Ahora toca a los órganos de control investigar de oficio y deducir responsabilidades. Esto incluye recuperar los Q3.4 millones.

El alcalde actual y el síndico cómplices del ex alcalde actuaron de mala fe al no comparecer ante el tribunal de trabajo y el juez incurrió en prevaricato, pues no cumplió el principio fundamental de la justicia, de dar a cada quien lo suyo, pues el ex alcalde solamente podía reclamar aguinaldo, bono 14 y hasta dos períodos de vacaciones no gozadas. Así que lo más fácil es obligarles a reintegrar lo indebidamente pagado, con los recargos del caso, aparte del proceso legal por incumplimiento de deberes, fraude, etcétera. Y que ellos vean si le cobran a su antiguo jefe, pero separados de los cargos, pues si no del mismo cuero sacarán las correas.

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