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Ética y derechos humanos

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Entramos al siglo veintiuno sin haber superado la violación de los Derechos Humanos en la sociedad guatemalteca. La dignidad humana aún es lacerada por el vacío de un Estado que no logra cumplir con sus responsabilidades básicas. El sentimiento que existe en nuestro país consiste en comprender que los Derechos Humanos deben ser respetados más allá de situaciones coyunturales. Se requiere confianza institucional, así como consecución de garantías civiles que hagan posible la vida ciudadana y la democracia, a fin que prevalezca el Estado de Derecho, como condición necesaria que respalde la vida.

Se deben concebir los Derechos Humanos como un mecanismo de compromiso entre intereses y valores diversos, basado en la idea de una relación mediadora entre lo individual y colectivo de las personas. Entre los intereses sectoriales y un compromiso general derivado de la vida en sociedad. Es impensable que en Guatemala aún se privilegien los intereses individuales, sobre los comunitarios.

No es posible que en contra del derecho a la vida de los otros, se legitime el disfrute de todos los bienes materiales de manera excluyente. Necesitamos de una dosis de igualdad y solidaridad para enriquecer moralmente la comunidad humana. Algunos teóricos afirman que una característica fundamental del respeto a los Derechos Humanos radica en el reconocimiento de que las políticas estatales tienen consecuencias sociales. Al traducir el lenguaje de los derechos en materia de legislación y entrar en el ámbito de la aplicación de la ley, se debe tener presente cuáles son esas incidencias, a fin de sopesar alternativas y tomar decisiones que reconozcan los diversos intereses sociales, al tiempo que no desmerezca la responsabilidad más amplia de las decisiones adoptadas.

No basta sólo el reconocimiento constitucional de los Derecho Humanos. Se requiere una perspectiva a partir de la cual “los otros” tienen derecho a la deliberación y desacuerdo. Derechos de asociación y participación, en un marco de valores y procedimientos compartidos. Al mismo tiempo de vincularlos con el marco jurí- dico del Estado, también tienen la otra dimensión referida a lo propiamente humano, o sea, a las condiciones históricas y sociales. Bajo esta perspectiva se inscribe el derecho a la vida que significa salud, trabajo, vivienda, educación y recreación.

La igualdad como valor fundamental debe prevalecer para salvaguardar la vida de los seres humanos y su entorno natural. El respeto a los Derechos Humanos adquiere en la sociedad gran importancia, porque de ahí depende la sobrevivencia de la misma. Habrá que construir un mundo bajo el principio de la tolerancia e inclusión que supere los problemas centrales de la sociedad.

Es necesario trascender el discurso legal y en la práctica cotidiana avanzar con algunos compromisos éticos privilegiando la dignidad humana. El drama que vive la sociedad guatemalteca se respira en el aire y grita a nuestros oídos. La gravedad del problema no se supera con escamotear la esencia de los derechos humanos. La salida consiste en asumirlos política y moralmente, como una condición necesaria para lograr el sentido de una ciudadanía plena y el respeto del entorno natural.

Habrá que alcanzar oteando el futuro, mínimos acuerdos como sociedad y como Estado.

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