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Del fin del mundo y la esperanza

NUEVO

A mediados del 2016, el diario digital Nómada, describió en extenso  reportaje, la visita a una población identificada en el mapa de Guatemala como Ixquisis, en Huehuetenango (Nómada, Elsa Cabria, 24 de mayo 2016). Lo refieren como el “viaje a donde nadie quiere ir…. el fin del mundo”.  Calificativo acorde con la novela de Vargas Llosa, “La guerra del fin del mundo” que se desarrolla en los apartados territorios del noreste brasileño. Aparte de ser uno de los objetos del viaje, constatar atisbos de  alguna  guerrilla, dada la ausencia seguridad en ese lejano lugar, la lectura del reportaje me llevó a rememorar vivencias propias de junio del 2012, durante una visita a la población de Santa Cruz Barillas, también en Huehuetenango y al igual que Ixquisis, muy contiguos a la frontera con México. Vaya si ambas localidades califican como “fin del mundo”, pues llegando a Huehuetenango ciudad, luego de haber recorrido desde la capital prácticamente 270 kilómetros, preguntamos sobre la distancia que sigue para llegar a Barillas y nos responden: “son unos 160 kilómetros más, debiendo pasar luego de Chiantla, por Paquix, San Juan Ixcoy, Soloma, Santa Eulalia y San Mateo Ixtatan.”  Estos sobre la meseta  cúspide de  los cuchumatanes…

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“Los pobladores no ejercen el empoderamiento ciudadano”

Llegando a Barillas, se observa un poblado asentado entre cerros, no muy pintoresco pero que se percibe bastante poblado y con los problemas propios de esos lugares tan alejados, que nunca han tenido una efectiva presencia de lo que es el Estado, como no sea apenas la sombra de este. Yendo en busca de una hidroeléctrica mínima, de no más de 5 Megavatios, supuestamente instalada en el río Cambalam, se verificó que la misma no ha sido construida. No obstante, la conflictividad levantada por tirios y troyanos en el lugar, había causado ya desórdenes que incluían destrozos de maquinaria e instalaciones de las obras del proyecto, algunas personas muertas, otras detenidas, otras fugadas o “desaparecidas”. En la Muni percibimos, entre los miembros del Concejo, posiciones encontradas, confusión y un  Alcalde  padeciendo de salud precaria. Entrevistados miembros de los consejos comunitarios, entre comerciantes y amas de casa, resultaron estar poco o mal informados sobre la hidroeléctrica y atemorizados por los desordenes recientes. Aparte, el párroco del lugar, un despierto analista, imputaba torpeza por parte de los dueños del proyecto, en sus manejos con la población en sí, desde que se aparecieron por ahí…

En conclusión, siempre el subjetivismo de nuestro país, oponiendo violencia frente a incipientes acciones, cuando podría ello evaluarse racional y objetivamente por pobladores, autoridades y los propietarios del proyecto. Pero los mismos pobladores no saben ejercer de ninguna manera, el empoderamiento ciudadano y responsable. Resultado esto, en buena parte, de lo alejado que siempre han tenido, las bases institucionales del entramado de la República como tal, la ausencia del Estado  ¿ hay esperanza entonces para esos ciudadanos del fin del mundo?

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