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Y no. No debe manosearse la Constitución

NUEVO

No propongo nada, porque no creo necesaria una reforma constitucional, y menos si su origen es ilegítimo, como lo es, al haber sido presentada por entidades que no están facultadas para presentar proyectos de ley, mucho menos una reforma a la Constitución. Me refiero al comisionado de la CICIG, a la Fiscal General y al Procurador de los Derechos Humanos.

Ilustracion Guille

I. Guille

Nunca creí que algún día yo tendría algo que agradecer al colombiano Iván Velásquez, pero todos los días se llegan; y es que gracias a su soberbia, a la extrema izquierda se le ha hecho cuesta arriba el asunto de las reformas a la Constitución. Si no tuviera él la imperiosa necesidad de elevar su perfil ante la ONU debido a sus aspiraciones dentro de ese nido de marxistas, habría dejado a un lado su papel de redentor, poniendo en manos de otros el proyecto, guardando así las apariencias. Pero no; pudo más su ego, y llevó a Thelma Aldana y a Jorge de León Duque al Congreso como dóciles caniches a presenciar la primera votación el 28 de noviembre, en la que sufrieron su primer revés.

Los proyectos de reformas constitucionales se han discutido bajo una dinámica nunca antes vista. En la segunda discusión, solos, en medio de la porra de la ministra –novio incluido- que gritaba y agitaba mantas, se observaban en las imágenes que se transmitían en tiempo real por medio de las redes sociales, a Karen Ness y José Garavito, amigos a quienes tengo en altísima estima. Y me estrujó el remordimiento; yo debía estar allí junto a ellos, y no en la comodidad de mi oficina.

Luego vino la fuerza huracanada del grupo Guatemala Inmortal, constituido principalmente por mujeres, que me invitó a acompañarlos en la siguiente plenaria del Congreso en la que se discutirían las reformas de nuevo; y el resto es una interesante y breve historia, que está lejos todavía de terminar, en la que un grupo de guatemaltecos conscientes del peligro que representa manipular la Constitución, se enfrenta a la extrema izquierda que ostenta un enorme poder ilegítimo, que se vale de amenazas contra los diputados para tratar de lograr los cambios que tanto daño harían a Guatemala.

Y no.No debe manosearse la Constitución. Si algún cambio debe hacerse, se puede efectuar por la vía de las leyes ordinarias, principalmente en lo que corresponde a las Reformas al Sector Justicia, como bien lo expresó la semana pasada la Asociación de Dignatarios de la Nación de la Asamblea Nacional Constituyente, a cuya voz me uno al demandar del presidente del Congreso aplazar la discusión, hasta no tener en sus manos las propuestas a las reformas de las leyes pertinentes, elaboradas por grupos que representen a la sociedad civil verdadera, a esa que agrupa al enorme abanico de ciudadanos organizados, y no solamente a la extrema izquierda que representa a un microscópico tres por ciento de la población, con directores de orquesta del calibre de Edgar Gutiérrez, de quien afirma un ex embajador de Taiwán en Guatemala que recibió de su gobierno varios millones de dólares durante la administración de Alfonso Portillo, del que fue jefe de inteligencia y canciller, y a quien sindico como uno de los responsables de mi secuestro en 1982, cuando fue parte de la organización terrorista PGT. Y recuerde: el tema de la justicia indígena aún está pendiente de discutirse.

Esto apenas empieza.

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