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Este es uno de los debates más acalorados que existen. Y por la misma razón, es uno de los debates menos precisos. Lo anterior quiere decir que el debate está plagado de errores conceptuales y mitos.  En los años mientras existió la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el debate entre izquierdas y derechas fue un debate centrado fundamentalmente en lo económico, un debate blanco-negro en términos de mercado versus planificación centralizada; propiedad privada vrs propiedad estatal en cuanto a los medios de producción.  Pero, ¿Y luego que la URSS desapareció?  ¿Qué pasó con el debate derecha- izquierda?

Muchos pensaron que en efecto del debate había fallecido, que las distinciones izquierda-derecha eran innecesarias en todo sentido en razón que el capitalismo se había transformado en el sistema vencedor.  En dicho contexto de debate, 1995, el politólogo italiano Norberto Bobbio escribió precisamente el libro Derecha e Izquierda, Razones y Significados de una distinción histórica, para proponer nuevas reconceptualizaciones.   El argumento de Bobbio en pocas palabras va en la siguiente línea. Ser de derecha significa suponer que las desigualdades existentes ( de todo tipo pero en particular las económico-político) son naturales.  Y por lo tanto, no hay nada que hacer al respecto.  La única igualdad posible de conseguir – y para la cual se justifica el uso del poder estatal- es la igualdad jurídica.   Por el otro lado, ser de izquierda significa suponer que las desigualdades son artificiales, resultado directo de procesos políticos y económicos (construcciones sociales).  Si las cosas son así, entonces se justifica el uso de los instrumentos estatales (la política pública) para corregir y modificar desigualdades que jamás debieron de existir en primera instancia.   ¿Y la cuestión económica?   Ya no se trata de un debate ´mercado SI vrs. mercado NO´.  El mercado como mecanismo para generar riqueza se acepta, la cuestión es determinar si hay errores de mercado (asignación equivocada de recursos) o no los hay. La cuestión es determinar si la acumulación natural del mercado produce externalidades negativas o produce incentivos correctos para el desarrollo.  Aunque muchos digan que no tiene sentido hablar de izquierda y derecha, la verdad que sí lo tiene mucho.

En Europa, antes del inicio de la brutal crisis económica, las diferencias entre partidos de izquierda y partidos de derecha eran literalmente imperceptibles.  Exceptuando los partidos extremos (el eurocomunismo y las derechas xenofóbicas), el resto de partidos en ambos espectros ideológicos parecía compartir buena parte de la agenda.  Socialistas y populares en España estaban de acuerdo con los medios privados de producción, ambos partidos también estaban de acuerdo en la existencia de bienes públicos.  En Alemania, demócratas cristianos y socialistas están de acuerdo en la agenda de transparencia del gasto y en la necesidad de generar condiciones para la inversión.   ¿Las diferencias?  Los temas relacionados a la libertad sexual y la propiedad del cuerpo: matrimonio igualitario, aborto, consumo regulado ó liberalizado de estupefacientes.     Pero ahora, con esta crisis económica el debate se ha vuelto más complejo: Si los bancos fueron irresponsables en su cartera de crédito ¿Porqué rescatarlos a ellos y no a los ciudadanos?  ¿Se justifica que las empresas abaraten las condiciones laborales (cero garantías) para acceder a contratar más? ¿No debe el Estado intervenir aquí?  Toda esta situación se puede entender como una situación ´natural´ del mercado o fue creada de forma artificial?

Quizá, ante lo grave de la crisis económica en buena parte del mundo, el tema de izquierdas y derechas nunca fue tan importante.

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