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Columnista

En 2014 el grupo yihadista, Boko Haram, secuestro a 276 niñas, estudiantes de una escuela en Chibok en el noreste de Nigeria, luego del atentado, tres fueron halladas por el ejército y 57 escaparon, 21 de ellas consiguieron la libertad en octubre de 2016 y luego de tres años del violento secuestro se han liberado a 82 más de las niñas secuestradas, como parte de un intercambio que llevo a la liberación de algunos presos integrantes del grupo terrorista por parte del gobierno nigeriano. Luego de esta liberación aún quedan 113 jóvenes secuestradas en manos de Boko Haram.

El secuestro y desaparición de mujeres y niños es uno los mayores flagelos que sufre Nigeria. Los secuestros masivos son una práctica utilizada por los grupos terroristas para reclutar combatientes. Se estima que desde 2012, Boko Haram ha secuestrado a más de 2,000 mujeres y niñas. En todas las guerras y conflictos, los más perjudicados son las poblaciones más vulnerables en la mayoría de los casos mujeres y niños. A las víctimas de secuestros, se les saca de su ambiente y entran a un mundo de cautiverio, lejos de sus familias y amigos, del entorno en el que viven y de donde se sienten seguras, durante el cautiverio son sometidas a torturas de diversos tipos, sufren además de violencia psicológica y de adoctrinamiento religioso ya que son obligadas a convertirse al Islam, también muchas de las niñas han sido casadas a la fuerza. Hay indicios de que algunas de ellas pudieron ser usadas como terroristas suicidas en algunos de los atentados perpetrados durante estos tres años.

Según datos de UNICEF, 117 niños han sido usados en los últimos cuatro años para perpetrar atentados suicidas en la cuenca del lago Chad, que comprende Camerún, Chad, Níger y Nigeria: cuatro en 2014, 56 en 2015, 30 en 2016 y 27 en los primeros tres meses de 2017. La mayoría de los menores suicidas eran ni- ñas. La rehabilitación y la reinserción de los secuestrados es muy difícil, UNICEF revelo también que las víctimas son segregadas y estigmatizadas, suelen sufrir el rechazo de una comunidad desconfiada a causa de su implicación con el grupo terrorista, y sus hijos son excluidos pues tienen “mala sangre” según las creencias.

Además que todo aquel que haya sido secuestrado por Boko Haram, debe someterse a una serie de verificaciones del ejército que pueden llegar a durar meses. Relatores especiales de la ONU calificaron la liberación de estas jóvenes de “paso importante” he instaron “no olvidar a todas las otras niñas y a todas las demás víctimas que continúan siendo rehenes de Boko Haram”. Es lamentable que especialmente la niñez tenga que pasar por estas situaciones que seguramente dejaran huella en sus vidas, es imprescindible que los gobiernos agilicen la reinserción de las víctimas.

Nigeria enfrenta problemas sociopolíticos muy graves como, instituciones débiles, ampliación de la brecha entre ricos y pobres, entre otros, por lo que el uso exclusivo de la fuerza militar para combatir a Boko Haram resulta ineficaz para solventar la crisis, y es necesario que tomen medidas políticas y socioeconómicas que acaben con la pobreza y la desigualdad para alcanzar la paz tan anhelada en Nigeria como en muchas partes del mundo.

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