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El deporte y los antiguos mayas

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El deporte ha sido una manifestación que entrecruza temporalidades y civilizaciones. La excitación que producen los juegos y la competición es connatural a la capacidad creadora del ser humano. Roland Barthes refiriéndose a occidente afirmaba que “En ciertas épocas, en ciertas sociedades, el teatro tuvo una gran función social: reunía a toda la ciudad en una experiencia común, que era el conocimiento de sus pasiones. Hoy esta función la cumple, a su manera, el deporte”. Prueba de ello es la afición que se despliega a nivel global por diferentes contiendas deportivas; estas en esencia marcan rituales reiterativos y se convierten en eventos que se adhieren a las experiencias de los individuos. Ganar medallas, competencias, campeonatos y justas ha constituido una arista en la jerarquía del desarrollo económico y político, así como en un componente de la identidad de los grupos.

La importancia del deporte en la vida de la civilización maya desde la antigüedad no fue la excepción. La distribución arquitectónica de las ciudades de Tikal, Yaxhá, Copán, Chichén Itzá y otras urbes, disponían de lugares privilegiados para los campos de pelota. Las canchas se ubicaban en las cercanías de las grandes plazas y los centros de poder político y ceremonial. Las dimensiones de los campos del juego de pelota hacen suponer que permitían una concentración poblacional considerable y que eran muy relevantes en el mundo político y espiritual de los mayas. Los espacios deportivos reunían a la muchedumbre, quienes iban a vivir una experiencia que envolvía todas sus emociones al ritmo de intensos movimientos de los jugadores, quienes vistiendo sus penachos y equipo ajustados a la cintura, cadera, rodillas, antebrazos y muñecas mostraban sus habilidades con el esférico.

La dimensión civilizatoria del juego de pelota no solo se muestra en la arquitectura y los arcos que son una expresión del arte y el significado espiritual propio, también son parte de la cosmogonía que describen los relatos de la creación y la interpretación de la vida y la muerte. El Popol Vuh daba un contexto más profundo al juego y el deporte, el cual representaba una parte de la reconstrucción del sentido de la vida pues de ahí parte la descripción de la victoria de la civilización maya de los jugadores de pelota Junajpú y Xbalamqué frente los Señores de la Muerte de Xibalba. De hecho, los padres de los héroes, Junajpú y WucubJunajpu se dedicaban todo el día jugar la pelota, lo que molestó a los señores de Xibalbá, quienes los retaron a jugar en su propio terreno del ultramundo. Pero bajo engaños y pruebas sacrificaron a los jugadores sin siquiera jugar.

La práctica del juego de pelota fue heredada a Junajpú e Xbalanque, quienes desafiaban a las fuerzas de la muerte. Ellos fueron capaces, después de días contienda y superar las trampas, derrotar a los Señores de la Muerte en el campo de juego, para luego con su magia establecer el régimen de la vida como parte de la capacidad de resucitar. Escribo sobre el juego de pelota, luego de tener la experiencia de haber visitado el museo Dumbarton Oaksen de la ciudad de Washington y observar unas piezas extraordinarias del período clásico maya de y preguntarme ¿cómo podemos reconstruir un ámbito civilizatorio maravilloso pero que estando inmerso en él, aún nos es tan ajeno? ¿Cómo comprender nuestras propias experiencias en la multiplicidad de horizontes que componen nuestra historia cultural?

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