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Hace poco cayó en mis manos un libro de Gloria Rowe-Arnold, escritora y maestra, quien en sus conferencias se presenta como orgullosa de su herencia cultural afrojamaiquina, guatemalteca y estadunidense.

El libro “Guiou, los otros negros”, narra la historia de la llegada a Guatemala, a principios de 1900, de un grupo de jamaiquinos que trabajaron en su mayor parte en la United Fruit Company, cuyos descendientes han destacado en distintos ámbitos del servicio público, la cultura y la educación Esta es una faceta poco conocida de la historia de Guatemala. De hecho, aclara el libro que los documentos de turismo refieren que en Guatemala, además del español, hay otros 24 idiomas regionales, 22 de origen maya, uno garífuna y uno xinca. Nunca mencionan a los que llegaron de Jamaica y a sus descendientes, los que hablaban inglés.

“Sería honroso establecer un día de la cultura afrojamaiquina, como reconocimiento a la historia y el aporte de esos compatriotas, descendientes de los Guiou”.

Esta es la labor de la autora, desde que volvió a Guatemala después de 48 años, “con el propósito de mostrar la herencia cultural con el mismo orgullo que lo hacen la ladina, la maya, la xinca y la garífuna”. Con frecuencia se tiende a generalizar a los afrodescendientes. De la misma manera como se pretende reunir a las diferentes culturas en el alero de “hispanoamericano”, así se dice de los asiático-americanos (chinos, coreanos, vietnamitas, japoneses, entre otros) o de los nativo-americanos (apaches, caribes, lakhotas, cheyennes), como equivocadamente se dice también afroamericanos. Peligrosamente esta es una manera de aniquilar culturas. Muchas personas se describen a sí mismas como negras, pero no necesariamente como afroamericanas, como no se deben confundir “punta”, música tradicional de la cultura garífuna, con el calypso o el reggae, los bailes jamaiquinos.

La historia es esta: en 1838 se abolió la esclavitud en Jamaica. Los esclavos africanos se convirtieron en ciudadanos ingleses, a unos se les asignaron tierras y otros eran libres para viajar en busca de una mejor vida. Alrededor de 145 mil 800 personas dejaron Jamaica y muchos se asentaron en el continente americano y el caribe. De todos ellos, un número considerable se estableció en Guatemala y formaron colonias inglesas en Puerto Barrios, Morales, Quiriguá y Tiquisate. En la frutera, nos dice el libro “se distinguieron los jamaiquinos por ser cultos. Usualmente, ellos eran comisionados por la Comp ñía para cubrir la necesidad que tenían de personas que hablaran el idioma inglés y que administraran sus plantaciones u otros negocios”. Muchos destacaron como operarios, comerciantes, supervisores, directores, médicos, maestros y comadronas.

Cuenta Gloria que los primeros jamaiquinos no solo llegaron con sueños y aspiraciones, sino con partes de su tierra, como alimentos, semillas y una variedad de plantas; las más conocidas, el mazapán, el camote, la yuca y la flor de Jamaica, que enriquecieron la cultura nutricional del país. Sería honroso establecer un día de la cultura afrojamaiquina, como reconocimiento a la historia y el aporte de esos compatriotas, descendientes de los Guiou.

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