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Dar prioridad a la prevención

editorial

Al someter la historia nacional a un objetivo análisis, una característica constante en el genoma guatemalteco parece ser la falta de prevención. Frente a la sensata consideración de las consecuencias de la falta de prevención, se alza como un muro la terca persistencia de enfocar las soluciones de diversos aspectos de la problemática nacional de manera reactiva y no preventiva. Constantemente, los internautas expresan su indignación en las redes sociales, ante diversos acontecimientos sociales y políticos, pero escasa vez, cuestionan el origen de tales acontecimientos al soslayar las graves consecuencias de la falta de prevención, en múltiples ámbitos de la vida nacional y el enfoque en el combate a los efectos de los problemas en lugar de a sus causas.

Un claro ejemplo puede verse en el cielo y escucharse constantemente en la ciudad de Guatemala: el rugido de los motores de la aviación que sobrevuela la ciudad. Una ciudad en cuyo extremo sur se localiza el Aeropuerto Internacional La Aurora, rodeado de viviendas y edificios, potencializando las condiciones para una grave tragedia, al situar un corredor aéreo atravesando la ciudad. ¿La razón? falta de prevención. ¿Otro ejemplo más dramático? El efecto amenazador que representan las pandillas para la sociedad guatemalteca, tiene entre muchas otras su origen, en el escaso índice de inversión del Estado en programas efectivos de prevención enfocados en preservar a la niñez de la actividad delictiva y de ser asimilados por las diversas estructuras criminales que les arrebatan junto a su niñez, la posibilidad de ser integrantes útiles de la sociedad al alcanzar la edad adulta.

Lo que a su vez acarrea la consecuencia del incremento del gasto de recursos estatales en la manutención de la población reclusa. Una población reclusa que se vería dramáticamente reducida al incrementar la inversión pública en niñez y adolescencia, generando oportunidades académicas y laborales que le mantengan libre de las garras de la criminalidad. Citando a Víctor Hugo: “Aquel que abre la puerta de la escuela, cierra la de la prisión”. Las graves consecuencias de la falta de prevención saltan a la vista, constantemente en la cotidianeidad guatemalteca.

No obstante, la existencia de una serie de factores que debería hacer saltar las alertas de la ciudadanía y de las autoridades, en aras de romper con la cultura de la improvisación y la reactividad ante fenómenos sociales plenamente previsibles; los guatemaltecos permanecen silenciosos y ausentes de una cruel realidad nacional marcada por las cicatrices que le ha infligido el cruel verdugo de la imprevisión. ¿Otro ejemplo? el Parque Nacional Laguna del Tigre, ubicado en la biósfera maya fue asolado recientemente por incendios forestales que arrasaron una alta cifra de hectáreas de la selva petenera, lo que constituye una dolorosa pérdida para los guatemaltecos.

Sin embargo, ante la misma debemos reflexionar en relación con los mecanismos de prevención y protocolos de reacción que deben implementarse ante estos eventos de grave impacto ambiental. Contar con brigadas de bomberos especializados en el combate de incendios forestales, dotadas con recursos adecuados y herramientas es la mínima acción que se espera de un estado con una administración que privilegie la prevención sobre la reacción.

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