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La competencia por dirigir la Unesco ha comenzado y el gobierno de Guatemala, sin mayor preparación, decidió jugar con candidatura propia. Si bien la Unesco es desde hace un par de décadas un organismo internacional en franca decadencia, aún goza de cierto prestigio e importancia. Ya no es la organización que con tanto brillo dirigió Federico Mayor (1987-99), mucho menos la de las grandes expectativas cuando la condujo el mexicano Torres Bodet (1848-52), pero continua siendo un espacio de apoyo a los grandes debates mundiales sobre el educación, la ciencia y la cultura, con clara referencia a la defensa de los derechos humanos, la equidad de género y la paz.

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Regida por un Consejo ejecutivo de 58 miembros, electos en distintos momentos por la Asamblea General, es allí donde de entre nueve candidatos en octubre de este año se eligirá a su director general, la que luego deberá ser confirmada por la asamblea general. El gobierno de Guatemala decidió impulsar la candidatura del aún Secretario general del Csuca y, entre otras cosas, ex vicepresidente de la República por el corto período de transición luego de la llegada de Maldonado Aguirre a la jefatura del gobierno. El odontólogo Alfonso Fuentes Soria fue rector de la Usac luego de la debacle institucional que significó la administración de Roderico Segura, con ejecutorias medianamente respetables si se considera la incapacidad de todos sus sucesores para actualizar y reformar la Universidad de San Carlos.

Ganador en casi todos los eventos en los que ha participado, más por efecto de las circunstancias que por su propio proyecto, Fuentes Soria optó por competir por el más alto cargo ejecutivo de la Unesco sin conocer medianamente la institución, cuestión que quedó vivamente demostrada en su presentación ante el Consejo ejecutivo este miércoles 26 de abril (https://goo.gl/BEsiJR) cuando, armado de un discurso cargado de puntos comunes, no logró ofrecer una idea básica de su propuesta de gestión. En un absurdo coqueteo con la administración Trump y el gobierno israelí, el candidato de Guatemala se atrevió a afirmar que “traer a la Unesco temas de conflictos para los cuales existen otras instancias y que la organización no tiene el mandato (…) genera distractores que la alejan de sus raíces históricas y objetivos fundamentales,” en una clara referencia a la decisión tomada en 2011 de incorporar al Estado de Palestina a la organización, lo que conllevó el congelamiento de los aportes de Estados Unidos pero dio a Unesco un nuevo aire en la resolución pacífica de los conflictos.

Los 107 estados que en aquella oportunidad aprobaron esa resolución y que mayoritariamente integran el Consejo Ejecutivo difícilmente votarán por un candidato que les cuestiona ese proceder y se presenta como el caballo de Troya de Israel, mostrando, además, las inconsistencias del Estado guatemalteco en estos asuntos, atrapado en un conservadurismo autoritario ahistórico.

El candidato tuvo oportunidad de recuperar la iniciativa cuando fue cuestionado por el represente de Kenia sobre cómo impulsaría la prioridad que Unesco da a África, o cuando se le interpeló sobre qué proponía en concreto para impulsar la igualdad de género, la otra prioridad de la organización en la actualidad. Sin embargo, de nuevo se perdió en generalidades, resultando evidente que para esos dos temas fundamentales no tiene ninguna propuesta seria, ya no digamos novedosa.

Entrar a competir por un cargo como este implica no solo conocer a fondo la institución, como sí lo demostraron al menos seis de los candidatos, si no un amplio trabajo diplomático para convencer a los electores que la propuesta del país es la mejor en estas circunstancias. Autoproclamado como el candidato de la región de Latinoamérica sin haber existido antes el más mínimo acercamiento para obtener su apoyo, apenas iniciada la competencia es evidente que le será difícil contar con esos nueve votos, indispensables para al menos hacer un papel decoroso en octubre, ya no digamos con los de África y Europa central.

Querrá el gobierno de Jimmy Morales y su cancillería cobrarle a Fuentes Soria alguna factura poniéndolo en ridículo con esta candidatura o estará él tan desubicado al creer que está vez será todo miel sobre hojuelas como han sido sus anteriores elecciones.

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