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Por: Julio Rivera Claveria

A partir de la promulgación de la Constitución Política, en el año 1985, se instala en el país el primer Congreso de la República en el año 1986, compuesto por diputados electos directamente por el pueblo, en sufragio universal y secreto, por el sistema de distritos electorales y lista nacional para un periodo de cuatro años, pudiendo ser reelectos.  Partiendo de este principio constitucional, hemos venido eligiendo a los diputados con  el sistema que nuestra propia ley electoral y de partidos políticos y nuestra  Constitución garantiza.

El Congreso de la República, en cualquier país del mundo tiene un papel preponderante en el juego de pesos y contrapesos con los otros dos  organismos del Estado, el Ejecutivo y el Judicial, además  tiene asignada  una serie de funciones que le ordena  la Constitución, como la de aprobar el  Presupuesto General de Gastos  de la Nación  y fiscalizar las actuaciones de los funcionarios de gobierno entre otras.

Pero, ¿Qué es lo que ha sucedido en nuestro país?  Los dirigentes de los partidos políticos no han sido responsables en la selección de sus candidatos a diputados, en Guatemala una diputación está directamente relacionada con un precio en dinero  y como resultado  al  Congreso de la República, han llegado diputados electos en sus distritos, que  llenan los requisitos que establece la ley, pero no reúnen las calidades y capacidades para desempeñarse en una función tan importante como la parlamentaria.

Yo he venido escuchado a muchos dirigentes a nivel nacional que lo que piden es que ellos, en su calidad de dirigentes,  sean los que seleccionen a sus propios candidatos  a diputados,  esto pareciera que podría ser una solución para seleccionar  candidatos a diputados,  esta forma de seleccionarlos  no garantiza que puedan llegar los mejores, hay que tener en cuenta otros factores como empresarios mafiosos, estructuras criminales y narcotráfico, que de alguna manera influyen en este tipo de selección o de elección.

Otro de los graves problemas que afectó a nuestro Congreso, es que con excepciones, independientemente del partido político que representaban, algunos  se unificaron en mafias  orquestadas por aquellos que conocían los laberintos y gavetas a mover, para poder manejar a su antojo recursos financieros y enriquecerse de manera ilícita.

Hoy vemos rasgándose las vestiduras a algunos diputados que han hecho del Congreso su forma de vida durante más de tres períodos, cuando de una  u otra forma son copartícipes de la debacle del actual Congreso de la República.

Así que, a partir de la próxima elección que se avecina para el año 2020, los ciudadanos tenemos que estar atentos a la escogencia que se haga de candidatos a diputados,  para que efectivamente,  puedan llegar los mejores;  para lograr ese objetivo, debemos exigir a los dirigentes políticos que democraticen los partidos para poder seleccionar los  mejores  candidatos, no es correcto solamente criticar a las instituciones por lo que no nos gusta, participemos activamente  y promovamos los cambios.

Necesitamos un nuevo  congreso con   parlamentarios capaces de  darle el  impulso legal  y político que necesita el país para mejorar sus condiciones económicas y sociales, impulsar a   que  el  debate se constituya  nuevamente en  el mecanismo  de trabajo  parlamentario.

Con el debate  la opinión pública logra conocer las diversas propuestas  partidarias tanto legales como políticas,  y a  la vez le permite valorar la capacidad y profesionalismo  de sus representantes, pero lo más importante se convierte en una escuela de democracia,  y  enseña  a los ciudadanos a ser tolerantes y a escuchar  con respeto la diversidad de  opiniones.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES PARA RESCATARLA.

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