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¿Hay una ética astro biológica?

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Estamos en un momento muy interesante en la exploración del sistema solar. Hay tres proyectos que nos pueden dar la respuesta a la pregunta más antigua de la humanidad. ¿Somos el único caso de vida en el universo o ésta se desarrolló en otros lados fuera de la Tierra?

El primero de los tres es el viaje a Marte. Hacer que una tripulación humana llegue a este planeta, explore su suelo y con el tiempo establezca un campamento de investigación que determine si hubo (o todavía hay) vida allí.  La buena noticia es que este proyecto cuenta con el apoyo del gobierno de Donald Trump y ya fue autorizado.  La NASA orientará sus baterías hacia ese objetivo ahora y no tiene todo el tiempo del mundo, pues lo debe cumplir antes de 2030.

El segundo es la misión a Europa, uno de los satélites naturales de Júpiter, con sus 3,122 kilómetros de diámetro, del cual se tienen datos comprobados que contiene en su interior un océano de agua líquida que incluso es mayor que el agua de todos los océanos de la Tierra.  Júpiter ejerce un efecto gravitacional sobre Europa, de tal forma que los estira y encoge, y por este mecanismo genera calor, siendo así que el agua interna de Europa se encuentra a unos 30 grados de temperatura. Una temperatura agradable para que la vida se desarrolle, aunque no se tienen pruebas de que así sea.

El tercero es más reciente, el pequeño satélite Enceladus, de sólo 504 kilómetros de diámetro, que gira alrededor de Saturno, a una distancia de 1500 millones de kilómetros del Sol, el cual sorpresivamente está echando chorros de agua al espacio.  Fue visto por primera vez por las naves Voyager, pero luego confirmado y verificado por la sonda espacial Cassini. En él se han encontrado agua con sales minerales básicas para la vida, el hidrógeno molecular detectado allí podría servir como alimento a microrganismos para que se desarrollen.

Ahora bien, la pregunta no es si existen o no. La pregunta es ¿qué haremos cuando los encontremos? ¿Tenemos el derecho de tomar muestras, examinarlos, manipularlos y hacerles pruebas? ¿Se deberán traer a la Tierra o deberán examinarse en el espacio? ¿Hay un protocolo ya escrito para esto?  En la película “Life” se trata este problema, pero los resultados son desastrosos. El microorganismo llega a la Tierra y las consecuencias son inimaginables. En la vida real debe ser diferente. No podemos arriesgar a la humanidad a una contaminación biológica de consecuencias incontrolables.

¿Qué código de ética se usará?  ¿Deberíamos dejarlos tal como están, a su propia naturaleza, sin intervenir para nada?  Como dice Francisco de Roux S.J, “El ser humano puede ser un promotor de la vida en el universo y puede ser una plaga destructora.  Las dos cosas ocurren. Ambas dependen de la libertad humana. Por eso el asunto de la vida es un asunto ético, un asunto bioético.”

Mi opinión es que la potencia que consiga los primeros microorganismos no dejará de aprovechar la oportunidad de analizarlos y hacerles pruebas.  Si queremos aprender,  lo tendremos qué hacer. Pero otra cosa muy diferente será modificarlos o causarle mutaciones permanentes.

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