El Siglo

El guatemalteco indolente

De acuerdo con estadísticas proporcionadas por la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan) en el transcurso del año 2017, 12 niños menores de 5 años, han fallecido como consecuencia de la desnutrición aguda.

No obstante, la alarma que debiera provocar en la población guatemalteca las cifras que marcan la tendencia al alza de la desnutrición crónica infantil en nuestro país, la actitud indolente de los guatemaltecos en torno a este grave flagelo resulta cuestionable desde todo punto de vista, pues la mayor víctima del mismo es la niñez, tanto con consecuencias de fatalidad, como con las secuelas irreversibles que produce la misma, dificultando el aprendizaje y la asimilación y aplicación de conceptos.

Como si la terrible amenaza de la desnutrición crónica infantil no fuera suficiente, el día de ayer un grupo de estudiantes del Instituto de Comercio 2, anexo Federico Mora, de la zona 7, que manifestaba solicitando el cambio del director del plantel, aduciendo falta de responsabilidad del mismo y el incumplimiento de sus funciones, fue arrollado por un vehículo que luego de producir lesiones a 12 estudiantes, se dio a la fuga permaneciendo hasta el momento infructuosos los esfuerzos de las autoridades para dar con él o la responsable de semejante acto de barbarie y falta de respeto por la vida e integridad de las personas.

A pesar de que en nuestro país diariamente se diagnostican nuevos casos de desnutrición aguda y se registran actos de inenarrable irresponsabilidad, la mayoría de los habitantes del país permanecemos dolorosamente ausentes a una realidad que nos involucra a todos: Es prioritario que los guatemaltecos conscientes de esta realidad alcen la voz en contra de los males que nos aquejan, proponiendo soluciones inteligentes y creativas. Es necesario proveer al imaginario colectivo de una dosis de humanidad y empatía que nos haga reflexionar y accionar activamente sobre todas y cada una de las vidas que se pierden diariamente, fruto de la indolencia de los guatemaltecos que parecen ser incapaces de conmoverse con nada.

Para lograr alcanzar una mejora significativa de la realidad nacional, es preciso restaurar el tejido social atendiendo a las necesidades principales de nuestra niñez y juventud, garantizando su   derecho a la vida y a la salud. Es urgente que la colectividad dimensione adecuadamente la necesidad de fiscalizar los programas destinados al combate a la desnutrición y a la vez, que el compromiso ciudadano de cada guatemalteco, consciente, demande de las autoridades la inmediata captura, juicio y deducción de responsabilidades, tanto civiles como penales, de él o la responsable de atropellar al grupo de estudiantes, cuyo único crimen fue manifestar en demanda de la mejora de sus condiciones académicas, en un país intolerante y dolorosamente indolente.

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