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El desafío programático

NUEVO

En el horizonte de la vida política del país persisten los “nublados del día” que, sin embargo, no son tan densos como para no ver que el mapa político partidario del régimen cleptocrático está en fase terminal.

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No solo porque ya fueron cancelados sus más conspicuos exponentes, el Partido Patriota y el Libertad Democrática Renovada (Líder), sino porque la espada de Damocles de la cancelación, por parte del Tribunal Supremo Electoral (TSE), sigue sobre las cabezas de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y el gobernante Frente de Convergencia Nacional FCN-Nación.

Aunque tal amenaza no se cierne en términos formales sobre el resto de la “chiquillada” de partidos que forman el mosaico de nombres y siglas con registro (24 en total, según la información oficial del TSE actualizada hasta el 20 de marzo último), casi todos ellos cargan con el lastre del descrédito que impregna al conjunto del sistema político nacional.

Esto es parte de la crisis política e institucional que aqueja al país, de la cual hemos abordado algunos aspectos en esta columna semanal.

Suele decirse que toda crisis es también una oportunidad, y en este ámbito una de las facetas de la oportunidad consistiría en renovar tanto el abanico de opciones como las formas de hacer política en el país.

Renovación que apenas se está gestando, tanto en términos programáticos como orgánicos, en procesos que corren el riesgo de caer en la reproducción del sistema en crisis si no abrazan con energía el desafío de abrirse a la participación, democrática y militante, de las bases de los nuevos partidos, y de la construcción –también por vía democrática y participativa– de propuestas programáticas congruentes con el momento histórico que vive la sociedad guatemalteca.

La mala noticia, a juzgar por lo que trasciende a través de las redes sociales, es que ya están reverdeciento fuertes tendencias a “posicionar” figuras, “construir” carismas, “prefigurar” presidenciables, antes que a tomar en serio la necesidad de la renovación política del país.

Por eso resulta tan positivamente provocadora la columna publicada por Daniel Haering (elPeriódico, 20 de abril de 2017) bajo el título “¿Quo vadis derecha?”.

Aunque incurre en la ingenuidad de pedirle peras al olmo (esto es, que bajo las actuales circunstancias guatemaltecas surja una “derecha reformista”), tiene la virtud de poner el dedo sobre un renglón básico: el desafío de formular propuestas programáticas-partidarias que trasciendan lo electoral.

Y lo que Haering plantea como reto para “liberales y conservadores”, vale también para la otra ribera histórica del país: las corrientes democráticas, progresistas y de izquierda.

Unos y otros (los convocados por Haering y los del campo progresista), tenemos la oportunidad de renovar la práctica política abriéndonos al debate para la formulación de propuestas programáticas ahora inexistentes.

Sería lamentable que dejásemos pasar esa oportunidad.

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