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Recuerdos de Penitenciaria

De  1881 a 1968, la Penitenciaría Central era el principal centro de reclusión carcelario de Guatemala.

El 11 de  enero de 1877, el gobierno del presidente Justo Rufino Barrios mandó a construir el centro con mano de obra de los reos que estaban en las cárceles del país. Estuvo regulada por el Decreto Gubernativo del 26 de agosto de 1889.

El lugar escogido, en esos tiempos, estaba en las afueras del perímetro urbano. Actualmente, en la nueva nomenclatura, ocupa lo que es hoy  la 7a. y 9a. avenidas entre 21 y 22 calles de la zona 1, donde están los edificios de la Corte Suprema de Justicia y la Torre de Tribunales.

Se recuerda que enfrente de este presidio se construyó un pequeño jardín que servía para que los familiares tuvieran donde estar mientras se abrían las puertas para la visita a los reos.

Posteriormente, el presidente José María Reina Barrios lo transformó en el Parque Navidad y mucho tiempo después es el lugar donde está ubicado el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

Lastimosamente, el antedicho lugar penitenciario se convirtió en un centro de torturas, vejámenes y humillaciones que recibieron intelectuales, gente del pueblo, quienes por desconocer las leyes caían en esta ergástula que llegó a su punto álgido en la época, en la cual gobernó el general Jorge Ubico Castañeda.

Es de hacer notar que el gran escritor Efraín de los Ríos en su obra cumbre Ombres contra Hombres, relata toda una gama de injusticias que se cometieron en esta mazmorra, donde él sufrió en carne propia la represión del tirano de los 14 años.

Recuerdos de Penitenciaria Central

A los guatemaltecos se les dio la oportunidad de conocer esas instalaciones en 1967 y pudieron comprobar la forma inhumana  y cruel, en la cual vivía la población reclusa.

Se cuenta que en enero de 1968 dio comienzo la demolición del edificio y a los reos los enviaron a las granjas penales que se habían construido.  No está demás decir que estos centros en la actualidad ya no se dan abasto para albergar a tanto delincuente  sin cuello y de cuello blanco, al extremo que a  estos últimos se les ha acomodado en cuarteles militares y como dice el dicho, lo ocupan con la premisa de “Así como es el sapo es la pedrada”.

Recuerdos de Penitenciaria

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