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Elogio a tres intelectuales

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Es un gusto que la Universidad de San Carlos brinde reconocimiento al escritor y maestro Mario Roberto Morales, otorgándole un Doctorado Honoris Causa, muy merecido y justificado.

Mario Roberto es un célebre pensador, uno de los más sólidos y acertados analistas de nuestro tiempo. De los pocos que se ha atrevido a plantear la hipótesis de que lo sucedido en el 2015 fue una obra maestra de la estrategia política, con pinceladas espontáneas, para modificar el statu quo del país. El origen de dicha estrategia: Estados Unidos. Por supuesto que hoy debemos aceptar que hay coincidencias entre las fuerzas sociales que quieren un cambio para Guatemala y Estados Unidos.

Al poder del norte no le sirve un país inestable, controlado por un grupito de oligarcas y políticos atrasados, gustosos de vivir en la impunidad y la corrupción, razón por la cual el país no invierte en el desarrollo, ni en mejorar la justicia, la seguridad, la salud ni la educación.

Mario Roberto habla de un modelo alternativo. Apela a una derecha que entienda que la oligarquía es el único obstáculo para el desarrollo de un capitalismo de libre competencia e igualdad de oportunidades para nuevos empresarios, dispuesta a poner su grano de arena para democratizar el capital mediante una banca pública y privada al servicio de la pequeña y mediana empresa y a democratizar el Estado volviéndolo funcional, eficiente, probo, pequeño y fuerte, con el poder suficiente para controlar los monopolios y brindar educación, salud y servicios públicos de alta calidad, a fin de tener una ciudadanía crítica y con conciencia social.

“Es necesario -nos dice- que el pequeño y mediano empresariado tome conciencia de que la ideología oligárquica no es la suya, y de que el anticomunismo es el petate de muerto con el que los oligarcas los espantan amenazándolos con que, si no se alinean al designio oligárquico, los comunistas se los comerán”.

Dejando por un lado a Mario Roberto, lamentamos la partida reciente de dos grandes personalidades, por una parte, el sociólogo Carlos Guzmán Böckler, y por la otra, la del predicador y maestro Virgilio Zapata Arceyuz, fundador del Instituto Evangélico América Latina.

Guzmán Böckler, desde su perspectiva marxista, fue pionero en hacer una interpretación histórico social del indígena. Sus estudios fueron un estímulo para el debate, contribuyendo a la construcción de una nueva visión de la sociedad guatemalteca. Lo prueba el hecho de que los pueblos indígenas juegan un papel cada vez más activo en la lucha por la descolonización de Guatemala, por así decirlo.

En otro ángulo, también falleció hace unos días don Virgilio Zapata Arceyuz, pastor evangélico y educador, incansable forjador de juventudes, quien dejó un legado de gran trascendencia para el país, graduando a más de 25 mil profesionales a lo largo de su carrera. De cultura refinada y pensamiento progresista, don Virgilio deja una huella imperecedera.

Pero, dato curioso, estas tres luminarias probaron el sabor del exilio.

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