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Perdón que insista, pero me niego a callar

NUEVO

Entiendo que un incendio de gigantescas proporciones en el que el Estado guatemalteco apenas si se inmutó y fueron helicópteros hondureños los que debieron esforzarse en apagar el fuego, aunado a un embajador de chiste que decide jugar por su cuenta y miles de cosas más son hechos que nos hacen cambiar nuestro foco de interés y dejar de lado cuarenta y una niñas asesinadas por el Estado en dramáticos y angustiosos veinticinco minutos.

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El olvido, o al menos pasar a planos inferiores los hechos puede conducir a que los verdaderos y efectivos responsables queden impunes. Otras obligaciones, otros escándalos hacen que nuestro interés deje de lado cuestiones que, al golpearnos de frente en nuestra incapacidad e irresponsabilidad, a pesar de drámaticas y dolorosas dejen de interesarnos.

Si luego del crimen algunos cuantos se reunieron en la plaza de la Constitución para protestar, pasada la euforia apenas algunas cuantas personas han encendido velas y rezado por su eterno descanso, actos que aligeran conciencias pero no conducen a que la justicia y el resarcimiento se produzcan. Si este masivo crimen queda sin juicio y condena a los verdaderos culpables asumamos que hemos alcanzado el nivel más bajo de la descomposición social.

De manera más que curiosa el Ministerio Público ha decidido pedir apenas el enjuiciamiento de las autoridades de la Secretaría de Bienestar Social y el director del centro, dejando de lado la responsanbilidad de los y las agentes policiales que sin autorización de juez competente mantuvieron encarceladas por toda una noche y durante el incendio a las 56 niñas. El delito de carcel privada -secuestro- es más que evidente, lo que está acompañado por el crímen de negación de auxilio. Pero los y las agentes cumplian extrictas órdenes de sus sus superiores, quienes según declaraciones públicas informaron de la detención ilegal y de la colocación de ese candado al Ministro de Gobernación y al Presidente de la República. Quien ordenó esa detención y quienes con autoridad superior no revirtieron tan ilegal e irresponsable orden son responsables de ese crimen, pero el MP cínicamente mira para otro lado.

Cierto, uno ha prestado muy buenos servicios al país que con furor y necedad persigue extranjeros traficantes de estupefacientes, y el otro permite que vivamos de chiste en chiste y lágrimas de cocodrilo. Su responsabilidad es más que evidente, pero parece que diputados, partidos políticos y activistas de derechos humanos han preferido dejar de lado esas cuarenta y una víctimas mortales a tocar a los que por ahora gozan de la bendición del gobierno que amenaza con guerras atómicas. El crimen no se juzga con velas ni novenas, como tampoco cebándose en funcionarios de cuarta categoría.

En la audiencia de primera declaración de los tres únicos implicados el MP hizo notar que ninguno de ellos cuenta con las capacidad y calidades para ejercer los cargos para los que fueron nombrados. Ciertísimo. Mas, ¿quien les nombró no corre con igual o mayor responsabilidadero? ellos no llegaron por su cuenta, ni tomaron por asalto los cargos. Ellos fueron nombrados por el Jefe de Estado, quien sabía de sus incapacidades y aún así puso en sus manos el destino de todos esos niños. Ese mismo Jefe de Estado la noche del crimen autorizó la puesta del candado, máxima muestra de que allí se perpertró un crimen de carcel privada. Muy presidente de la República puede ser, pero ya no estamos en las épocas de Jorge Ubico, cuando el gobernante decidía el encarcelamiento, tortura y desaparecimiento de ciudadanos. ¿O el MP ahora quiere regrasar al ubiquismo?

Los agentes del Ministerio Público parecen estar sumidos en un letargo que suena a complicidad con los hechos materiales e intelectuales de tan horrendo crimen. De los agentes ya no se sabe nada y, como sucede en este país de la impunidad, para cuando se les quiera interrogar estarán desaparecidos o fallecido por “muerte natural”. A sus superiores y altas autoridades pareciera que les cubre el velo de la impunidad que en Guatemala siempre ha cubierto a poderosos y autoridades. Se persigue y ofende la corrupción, pero el asesinato de niñas desprotegidas parece no ser importante.

El circo de juicio a las autoridades de la SBS debe terminar, y los verdaderos responsables deben ser llevados a los tribunales. Perdonen que insista, pero me resisto a callar.

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