El Siglo

Impacto económico de los accidentes y enfermedades causadas por el trabajo

Por: Lic. Rafael Flores

Cuando le decimos a la empresa que los accidentes le cuestan, le estamos diciendo que contabilice lo que le cuesta para comprobarlo. Pero en este punto hay que tener en cuenta que para las empresas grandes que identifiquen que sus costos son importantes en algún sector de esta, como un departamento, o un proceso, o una sección, etcétera, (Como por ejemplo, el transporte o las limpiezas) pueden optar por externalizar esos procesos que antes formaban parte integral de su organización productiva hacia subcontratas o trasladarlos a países que toleren sus actividades peligrosas.

EL COSTO PARA LOS TRABAJADORES Y SUS FAMILIARES

El costo económico para los trabajadores se define como aquellos daños ocasionados por accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo que no se subvencionan. Dejando de lado, por un momento, la imposibilidad de compensar los daños morales, las compensaciones que se reciben nunca llegan a cubrir los costos económicos verdaderos. Los trabajadores soportan un coste económico, ya sea por una reducción de sus ingresos, ya sea por el daño a su perspectiva laboral futura. A estos costos, hay que agregar el impacto económico sobre los familiares de los accidentado/as que asumen las tareas de cuidarles, sin compensación económica. Estas tareas son asumidas generalmente por mujeres (esposas o madres) que ven disminuida su capacidad para vender su fuerza de trabajo, lo que también supone un costo. 

EL COSTO PARA LAS CUENTAS PÚBLICAS

Los costos de los accidentes y enfermedades que no asumen las empresas ni los particulares son transferidos a las cuentas públicas. Por ejemplo, los costos de accidentes laborales no declarados como tales, resultan sufragados por el sistema público de salud, como si fueran accidentes comunes.

EL COSTO SOCIAL

Los costos para las arcas públicas no agotan los costos para la sociedad. No existe actualmente un modo aceptado de calcular en unidades monetarias los costos y beneficios de la salud y seguridad o los accidentes y enfermedades. En parte, porque resulta arbitrario asignar cualquier valor cuantitativo a intangibles. Y en parte, debido a múltiples relaciones que tiene la salud con cualquier otro aspecto social, es casi imposible modelizar la relación cuantitativa entre causas y efectos (si se acepta que la salud, el bienestar social, o la calidad de vida laboral son bienes sociales, un análisis de los costos y beneficios para la sociedad de la seguridad debería poder tomarlos en cuenta). Y finalmente, porque cualquier modelo económico parte de supuestos que resultan discutibles desde otras perspectivas.

Si se quisiera cuantificar, debería de todos modos responderse a las siguientes preguntas: ¿Deberían incluir, por ejemplo, el efecto económico de las bajas laborales por accidente sobre la tasa de desempleo, etcétera? O cuando se valoran estas magnitudes en términos de impacto en la productividad social ¿habría que relacionar adecuadamente el valor agregado que nace de actividades creadas por los accidentes, tales como las derivadas de la reparación sanitaria, la rehabilitación, etc.? O ¿habría que asignar una expresión cuantitativa a la salud de los trabajadores como factor productivo?

¿QUIÉN PAGA EL COSTO ECONÓMICO DE LOS ACCIDENTES Y ENFERMEDADES?

Los accidentes y enfermedades tienen efectos en la distribución del producto del trabajo:

El sufrimiento que los accidentes y enfermedades ocasionan a las víctimas y sus familiares, así como otros daños intangibles, como podrían ser los efectos de pérdida de horizontes y la sensación de inseguridad de los sectores más perjudicados, no pueden ser cuantificados.

El incremento de desigualdad social causado por los accidentes laborales. Al hablar de costos sociales no solo se plantea la cuestión de cuáles son los sectores sociales que resultan víctimas de los accidentes laborales (que resulta bastante obvia) sino los efectos sobre la asignación del gasto público.

El gasto público total tiene claras implicaciones para el bienestar general, pero no refleja la distribución entre sectores sociales. Los costos que el empleador no paga, lo pagan (además, del trabajador que sufre el daño) las cuentas públicas. Ello hace que el gasto público en salud y seguridad represente un trasvase regresivo de recursos entre sectores sociales.

Si el empleador paga pero traslada los costos al gran público mediante precios (o mediante impuestos, en el caso de la Administración como empleador) los costos los asume el público consumidor.

¿Resulta más fácil intentar convencer con base en los costos? Aunque cada cual conoce la “cultura” de su empresa y cómo conviene introducir los temas, está claro que hablar de costos no es la única opción.

La empresa está obligada a considerar los índices de accidentabilidad, de las bajas en general, de las bajas por enfermedad en general o debidas a un tipo de enfermedad en particular: cuesten mucho o poco, tiene obligación de reducir sus índices, aunque no sea la peor empresa: tiene que tener un plan de prevención, reducir los riesgos y mejorar los resultados preventivos.

Otra opción (que solo puede ser útil para hablar con empresas que ya utilicen este tipo de terminología) es hablar de calidad: si la calidad es rentable y ésta empieza con la satisfacción de los trabajadores, y esta depende en gran parte de hechos objetivos, como son la salud y la seguridad, entonces la empresa debe invertir en prevención.

Lea la primera parte:

Impacto económico de los accidentes y enfermedades causadas por el trabajo

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