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Generaciones y liderazgo intelectual

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¿Cómo podemos comprender los rasgos fundamentales de los proyectos ciudadanos en nuestro país? ¿Cuáles son las principales tendencias de nuestras aspiraciones y proyectos políticos? Estas cuestiones han requerido de una reflexión del pasado y del presente por parte de los intelectuales comprometidos, como lo expresa Ortega y Gasset en su abordaje acerca del “Tema de nuestro tiempo”. Dichas preguntas no se ven fuera de los ámbitos de comprensión histórica y temporal que compromete las discusiones académicas y la capacidad de relacionarse y comunicarse con la sociedad. Lo cierto es que la expresión del pensamiento no es ajena a los grupos, diferentes identidades y la capacidad de tener claridad de los ideales y formas de enfrentar los desafíos que nos presenta el futuro.

Durante diferentes épocas se han marcado estilos que enfatizan una constante inspiración de las ideas en un pasado inmediato, el cual una vez muestra sus insuficiencias, se torna hacia una actitud urgente de cambio. En los textos de los diferentes intelectuales sea en filosofía, ciencias sociales, literatura o arte se manifiestan ambas tendencias. Prueba de ello han sido las variaciones y estabilidades observadas durante los regímenes conservadores, liberales, revolucionarios y contrarrevolucionarios. En períodos intermedios se aprecia la división entre quienes sostienen una u otra perspectiva sino más.

Los proyectos de sociedad muestran que a pesar del valor de los individuos actuando de manera aislada, estos últimos a menos que trasciendan su sensibilidad a una colectividad que haga suyo el proyecto, difícilmente tendrán algún efecto. Ortega y Gasset enfatiza en la capacidad creativa del individuo, él mediante la “convivencia” debe irradiar su sensibilidad y como sujeto histórico compartirla con el grupo que se constituye en una generación. Por generación no se está refiriendo a la clasificación y descripción artificiosa,y hasta superficial que hoy día, de manera simplificada, hace el mercado bajo un fraccionamiento de diez años de duración. En otras palabras, no alude a la clasificación que divide a las generaciones en La vieja guardia, Silenciosa, Babyboomer, Generación X, Y, Z o del Milenio, más bien a los miembros de un conglomerado social con sus propios liderazgos que expresan un compromiso renovado bajo una mirada histórica común a pesar de posibles diferencias en las formas de alcanzarla.

En el caso de Guatemala me pregunto ¿Qué define a nuestras generaciones, sus grandes preocupaciones y la mirada hacia el futuro? A veces he llegado a pensar que con el conflicto armado lo que se arrasó no solo fueron comunidades, con ellas se llevaron nuestros proyectos, nuestra propia vocación hacia el futuro conduciéndonos a ser desertores de cualquier compromiso que implique la lucha por una sociedad más humana.

Por mucho tiempo se esperaba la emergencia de una nueva generación capaz de atender la exigencia de cambio que demanda nuestro país. La alegría que provocó la expresión “se metieron con la generación equivocada” durante las marchas para destituir el régimen corrupto durante el 2015, se ahogó más pronto de lo que se presuponía. En todo caso la noción de generación demanda de una intelectualidad a la altura de su tiempo. Lo que no hay duda es que ninguna generación puede apelar ya a sostener sus proyectos en un pasado tan desafortunado como el nuestro y exige una academia más comprometida con la sensibilidad social.

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