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Cambio radical o gradual

NUEVO

El crecimiento siempre podrá provocarse de dos grandes maneras: una es mejorando los esquemas de operación con que contamos, y le llamamos mejora continua; la otra es creando nuevas formas de operar, rompiendo con las anteriores, y le llamamos mejora discontinua. Las decisiones de mejora continua son graduales; son muchos pequeños cambios que se van sumando día a día para eficientar nuestro quehacer. Las decisiones de mejora discontinua suelen ser radicales y estratégicas; son grandes jugadas que transforman diametralmente la posición de la empresa en su mercado y crean nuevas plataformas de crecimiento. ¿Podrán estos cambios hacerse poco a poco para correr menos riesgos? Las fórmulas de negocio de muchas empresas están obsoletas y oxidadas, y debemos cuestionar proactivamente nuestras estrategias de mercado, de producto, de organización y de financiamiento.

Nuestras compañías no se van a actualizar sólo enfocándonos a nuevos mercados; amerita revisar a fondo todos nuestros procesos de negocio y de organización. Los cambios radicales siempre sacuden a las organizaciones y generan un cierto descontrol; esto es inevitable, aunque se hayan ponderado todas las alternativas debidamente, con prudencia y sin precipitaciones. Cuando ya estimamos los costos y los riesgos del camino elegido, en seguida ¿qué? Cuando nos duele o nos da miedo tomar una decisión dura o atrevida, preferimos postergarla para siempre. Esta dilación a veces se convierte en pérdida de la oportunidad. Cuando no nos animamos a implementar con diligencia una opción difícil, pedimos más estudios. Cuando no estamos plenamente convencidos de la decisión tomada, solemos implementarla a medias. Esta falta de determinación al implantar una estrategia puede redundar en su propia inefectividad.

Al titubear hacemos que las cosas no funcionen o que sus resultados sean mediocres. Muchas veces esta mediocridad no es propia de la estrategia diseñada, sino de la tibieza o lentitud de su implementación. Muchos empresarios nos preguntan si no será mejor realizar gradualmente los cambios que van a revolucionar su industria. Nosotros inmediatamente les preguntamos si están decididos a llevar a cabo su proyecto. Finalmente les hacemos ver que si ellos no están comprometidos nada va a funcionar como se espera. El cambio radical en las jugadas de mejora discontinua suele traer consigo varias ventajas adicionales. Primero está el elemento sorpresa, que estará a nuestro favor. Por otro lado está el fenómeno de liberación de energías y recursos; si la decisión de abandono, que toda decisión de concentración trae consigo, se da al inicio del proyecto, entonces las energías y recursos que acaparaba serán liberados a favor del nuevo esquema y apoyarán su avance.

Por último, y tal vez más importante aun, está el hecho de que al realizar el cambio de forma tajante, le mandamos a nuestra organización el mensaje de que nos estamos jugando el todo por el todo y de que no hay más que caminar hacia adelante, venciendo más pronto la resistencia al cambio. Podríamos decir que todavía hay otra ventaja a favor del cambio radical, y que consiste en la reafirmación del compromiso del líder. Al hacer el cambio de golpe, el empresario reafirma su propia convicción en lo que está haciendo, y esto le da mayor fuerza para seguir adelante.

La sensatez debe regir todas nuestras decisiones de negocio, así como la determinación ha de regir todos nuestros esfuerzos para hacerlas realidad. Y nada podrá sustituir a nuestra prudencia; aquí es donde debemos usar nuestra sabiduría, siguiendo la conocida oración: “Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”. La rigidez puede convertirse en nuestro peor enemigo. Hay cambos urgentes que no pueden esperar mucho tiempo más. Necesitamos una verdadera revolución interna en nuestras organizaciones y en nuestro país. Asumamos el liderazgo, no dejemos ir la oportunidad.

 

 

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