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“Sobre los hediondos males…”

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La temporada es propicia para releer Viernes de Dolores, la última novela escrita por Miguel Ángel Asturias, fechada en Punta Negra, Mallorca, en octubre de 1971. Dentro de dos días se celebrará el jolgorio estudiantil universitario, en medio de un renacido debate acerca del sentido y razón de ser de la Huelga de Dolores, reflejo del sacudimiento anticorrupción que alcanza igual a la Universidad de San Carlos. Los incidentes provocados el 29 de marzo en la Escuela de Historia por la “mara” que controla la Asociación de Estudiantes Universitarios y alienta las más nefastas prácticas de la Huelga, confirman la necesidad de una profunda depuración.

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“Vivimos otros tiempos: la sociedad exaltadora del individualismo y la banalidad, produce una Huelga de Dolores light, más carnaval que huelga…”

Aun suponiendo que el esfuerzo de “rescate” de la Huelga de Dolores llegue a fructificar no será el próximo viernes esta tradición universitaria parece condenada a debatirse en una contradicción genética irresoluble. “¿Huelga o fiesta?”, se pregunta Asturias en la novela de marras. Y él mismo se responde: “Las dos cosas. Huelga en la Universidad durante la Semana Santa y carnaval de los estudiantes el Viernes de Dolores, carnaval de carnavales, amargo, explosivo, mordaz, blasfematorio… …carnaval de todos los disfraces y todas las audacias, cara al crimen, cara al fanatismo, cara a la barbarie, la palabra convertida en guillotina, el gesto en mueca de indefenso que bromea por no tener otra arma…” (Pág. 92, edición de F & G Editores, 2013). Se habla sobre el “verdadero espíritu de la Huelga”, como si sus mejores tradiciones de denuncia “sobre los hediondos males de la patria” (La Chalana), no hubiesen estado acompañadas, casi siempre, por la evasión desenfrenada de la cerveza y los licores potenciados con éter (apenas una peccata minuta huelguera).

Reconocer la ambivalencia entre la repulsa a esos “malos bichos sin conciencia / que [a la patria] la apresan en sus dientes / y le chupan inclementes / la fuerza de su existencia” (La Chalana) y la sumisión final al status quo, no debería llevar a olvidar que huelgueros insignes como Adolfo Mijangos López, Juan Luis Molina Loza, Mario López Larrave, Manuel Cordero Quezada, Manuel Andrade Roca y Oliverio Castañeda de León (para solo mencionar algunos) se tomaron a pecho los más nobles ideales estudiantiles y ofrendaron sus vidas por esos ideales.

Vivimos otros tiempos: la sociedad neoliberalizada exaltadora del individualismo y la banalidad, del facilismo acrítico del copiar y pegar, de los tuits y los memes insulsos, produce una Huelga de Dolores light, más carnaval que huelga. Por eso, tal vez haya que plantearse lo que hizo el Honorable en 1947: enterrar la Huelga. Idea que apoyaría Alfonso Gantes (Hormiga Loca, uno de los personajes de Viernes de Dolores) quien, decía, “ni se debe, ni se puede hacer mojiganga de la tragedia nacional”, pues censuraba que “a la denuncia pública que en la huelga estudiantil se hace de nuestras lacras, de nuestro infortunio, de nuestra barbarie, de nuestra desvergüenza, no siga una acción concreta”.

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