El Siglo

Huelga de Todos los Dolores

El viernes 7 de abril del 2017, el Centro Histórico, como cada año, se llenará de alegría ante la presentación de la Huelga de Todos los Dolores. Desfile bufo y señorial que especialmente ofrece a su pueblo la Tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala. Dicen por ahí, que esta huelga nació “de la relación de un huesito castigador y de una tortuga Ninja”, pero lo cierto es que se inició un Viernes de Dolores en el mes abril de 1898, en ese entonces gobernaba el licenciado Manuel Estrada Cabrera que, en corrillos callejeros, se rumoraba, que le gustaba tanto la guayaba que pasó 22 años gobernando nuestro país.

En este lapso el tirano Cabrera soltó un poco las riendas de opresión al pueblo y los estudiantes aprovecharon la coyuntura para tomar impulso y decirle al poblado, en forma satírica y con bases reales, los desmanes de funcionarios públicos, políticos, militares y ciertos ciudadanos que se creían los caciques de un pueblo oprimido. La ciudad capital, se dice, contaba con 70 mil habitantes y con la gracia de siempre los estudiantes informaban que el único que no había presenciado el desfile era el dictador.

La huelga ha durado más de 100 años y asistir a ella es un solaz esparcimiento para este pueblo que, hasta la fecha, nunca deja de tener dolores peores que los de un parto. La Línea, Cooptación del Estado, los desmanes en el Congreso y tantos y tantos negocios hechos bajo la mesa.

Un referente importante de esta Huelga es su canto de guerra, bien llamado “La Chalana”, iniciado por grandes huelgueros como Miguel Ángel Asturias, Alfedo Valle Calvo, José Luis Balcárcel y el periodista David Vela. Se cuenta que el gran Moyas Asturias, premio Nobel de Literatura, formuló la cuarta y la última estrofa para cerrar con broche de oro la canción estudiantil, creada en su música por el maestro José Castañeda. Por primera vez esta himno huelguero lo interpretó la marimba Ideal Club, bajo la dirección de Gabino Juárez. “La Chabela” siempre insigne, encabeza el desfile con su prestancia singular, como símbolo de la burla y la crítica satírica hacia los problemas sociopolíticos por los que sigue atravesando nuestro país. ¡Loor, Alma Máter!

 

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