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En 1954 una serie de sucesos dieron al traste con el proceso de cambios iniciado luego de la revolución de octubre de 1944. Fue Caracas el escenario donde se viabilizó la invasión-intervención de Guatemala para facilitar el derrocamiento del gobierno democráticamente electo de Jacobo Arbenz Guzmán. La conferencia de Caracas aprobó una resolución condenando las actividades del movimiento comunista internacional por constituir ellas una intervención en los asuntos americanos.

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La resolución fue la excusa para invadir Guatemala, en violación del principio de no intervención y pasando por alto todos los principios establecidos en la propia carta constitutiva de la Organización de Estados Americanos (OEA), calificada desde hace muchos años como un Ministerio de Colonias. Los principios de soberanía y autodeterminación fueron los ejes de la discusión cuando estaba por crearse la OEA, pero este organismo siempre ha sido utilizado para desestabilizar o derrocar gobiernos, según convenga a los intereses de Estados Unidos. Como lo hizo con Guatemala, la OEA lo está haciendo ahora con Venezuela.

“Los opositores del gobierno carecen de todo. No tienen líderes.”

 Con más que razón y con mucha dignidad, después de haber sido separada de esa instancia regional, Cuba se negó a retornar a ese organismo. Aun cuando hay países que asumen una conducta responsable, de acuerdo a los principios de no intervención, hay otros que bajo presión o por conveniencia, se pliegan a lo que dicta Estados Unidos. La OEA, por ejemplo, se hizo de la vista gorda cuando los militares derrocaron a Manuel Zelaya, en Honduras. En 2009 se le acusó de promover la reelección. Hoy el presidente Juan Hernández aprobó la reelección y no pasa nada. Habían otras razones poderosas: las políticas sociales del gobierno favorecían a los pobres pero perjudicaban a la industria de las medicinas.

Hace algunos años un escurridizo asesor de Mujica aplaudía a Chávez, con la bocota abierta, sonriente. Ahora es el hombre que juega un papel clave en la desestabilización contra el gobierno de Venezuela. Es el principal vocero y líder de la oposición, siendo un uruguayo. Es el activista número uno, actuando como secretario general de la OEA. Hombre camaleónico, Almagro es conocido en su país como un verdadero Fouché, admirador de Mujica. Pepe, sin embargo, lo desconoció desde hace varios años, igual que lo hizo otro expresidente, Tabaré. Pues en lugar de propiciar el diálogo y el respeto a las decisiones jurídicas internas de Venezuela, demostrando habilidades de mediador diplomático, Luis Almagro propicia una intervención extranjera, como la de Guatemala, en 1954, sin considerar las condiciones políticas internas de Venezuela. Los opositores del gobierno carecen de todo. No tienen líderes. Carecen de estrategia.

Están fragmentados. Ganaron la mayoría en el Parlamento y se creyeron todopoderosos. Empezaron a querer reemplazar a todos los poderes, hasta que cayeron en desacato. Actualmente no tienen siquiera candidato para las elecciones del 2018. Su lucha es propiciar un golpe. ¿Qué harían con el poder?

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