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¿Quién está armando a las pandillas? ¿De dónde provienen las armas que han sido recientemente decomisadas? Es una de las preguntas más importantes a resolver. La importancia de esta pregunta se plantea en relación a que el origen de las armas terminará por revelar cuáles son ´las nuevas alianzas temporales´ del crimen organizado o el involucramiento de actores estatales.  Estas alianzas pueden ser directas o indirectas dicho sea de paso.  Voy a explicar este punto.

La colaboración entre diferentes grupos del crimen organizado puede responder a específicas alianzas, deliberadas, directas y las cuales buscan objetivos en común.  Un caso mesoamericano de esta situación lo constituye la alianza conformada entre el Cártel de Juárez y la pandilla de los Aztecas.  Esta pandilla nació – como muchas-  en el sistema carcelario del estado de Texas. Con el tiempo y en razón de la alta presencia de delincuentes mexicanos en el sistema carcelario estadounidense, la pandilla creció tanto en el sureño estado así cómo en el fronterizo estado de Chihuahua.  El Cartel de Juárez, muy a su pesar,  decidió tercerizar algunas funciones específicas de la organización y delegarlas a la pandilla: concretamente narco-menudeo y sicariato en territorio estadounidense.  Una decisión muy inteligente porque los Aztecas tienen varios miembros que son México-Americanos.  Mientras estén en las calles,  la estructura económica de la pandilla le sirve al Cártel para profundizar mercados y no tener que arriesgar a sus miembros a cometer delitos graves en territorio estadounidense.

Cuando la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez se desató (haciendo crecer las cifras de homicidios en Ciudad Juárez a niveles de conflicto abierto africano) la estructura de los Aztecas con base en territorio mexicano sirvió de tropa para nutrir el brazo armado del Cártel de Juárez (La Línea).  A cambio, dinero, acceso a las armas y acceso a un mercado más equitativo del mercado de drogas comprando directamente de los proveedores sin pasar por intermediarios.   En otros casos,  cómo la relación entre el Cártel de Sinaloa con la pandilla llamada Sureños, o Sureño 13, (una confederación de pandillas vagamente afiliadas con la Mafia Mexicana de California) la alianza establecida simplemente se hizo en razón de la necesidad de enfrentarse con el Cártel de Juárez.  Terminada la guerra entre los dos carteles,  las relaciones entre un grupo y el otro se redujeron a lo mínimo necesario. Como puede apreciarse en términos generales, la relación entre cárteles del narcotráfico mexicano y pandillas (tanto México-Americanas como centroamericanas) es algo instrumental, concreto y ligado a la lógica empresarial que simplemente busca consolidar mercados.

¿Cómo interpretar lo que sucede con el aumento del volumen de armas que reciben las pandillas en un país donde no hay enfrentamiento directo entre narcotraficantes de diferentes grupos y donde son los grupos locales quienes dominan y controlan territorios?  Las maras o pandillas son volátiles, ingobernables, impredecibles y dotarles de mayor arsenal es una perfecta receta para crear caos e inestabilidad.  Algo que por cierto es muy malo para el negocio del narcotráfico.  Por lo que parece, al menos a simple vista que quien sea que esté proveyendo de armas a estos grupos no pierde mucho con una situación que apunte a la crisis de estabilidad.  Por eso es que resulta fundamental que la investigación abierta en Guatemala determine si parte de los arsenales decomisados a estas estructuras habrían sido armas propiedad del Ejército.   Y si eso llegara a probarse, se apunta otra razón más – entre muchas-  por la cual la seguridad ciudadana debe de quedar definitivamente en manos de civiles.

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