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Energía, Ambiente y Población

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En cuanto a la participación de gobiernos en empresas estatales, históricamente la mayor proporción de tales iniciativas se ha dado, ante todo y sobre todo, teniendo ya la disponibilidad del recurso (para caso el petróleo) asegurada plenamente, en los volúmenes y necesaria regularidad de la producción. De cerca, en nuestro gran vecino México, cuya extensión territorial supera en casi 20 veces la de Guatemala y cuya explotación petrolera iniciase a principios del siglo veinte, ya en el año de 1914 operaban en su territorio 52 empresas extranjeras, manejando una producción incipiente de poco más de 500 mil barriles por día.

“Concurrieron muchos “peros” a la gestión del gigante estatal”.

Para el año de 1921, México se clasificaba como el segundo productor en el mundo, solamente a la zaga de Estados Unidos, en ese entonces el número uno. Siguiendo la historia, la revolución mexicana, encendida en 1910, no tuvo incidencias en la explotación petrolera que entonces ya marcaba una bien definida tendencia ascendente. Y no fue sino hasta marzo de 1938 que se da la expropiación por “causa de utilidad pública” a iniciativa del gobierno de Lázaro Cárdenas, creándose “Petróleos Mexicanos”. El 7 de junio del mismo año. Realmente el brazo que alargó el crudo nacional al gobierno de Cárdenas, (hasta entonces la explotación a cargo de empresas extranjeras) fue sostenido por el paro de los miles de trabajadores del petróleo, en desacuerdo con planteamientos laborales por parte de las compañías.

De entonces hasta hoy, la historia es de PEMEX, único y exclusivo ente para la producción y comercialización de todo el petróleo producido y procesado en territorio mexicano. Con el paso de las décadas, vistos y anotados los altibajos de la aventura nacionalista, surge el análisis crítico y concienzudo; tal la siguiente observación: “La gran dependencia de nuestros gobiernos hacia el extranjero, se da principalmente a través de las deudas y necesidades del financiamiento del sector público. Y precisamente son las empresas estatales, las que dependen en gran parte, para su funcionamiento y desarrollo, del financiamiento del extranjero” (Luís Pazos, Mitos y Realidades del Petróleo Mexicano, 1985). Y con gran fluidez, así concurrieron los muchos “peros” a la gestión  del gigante estatal en que se llegó a convertir PEMEX. Desde luego, en época de elecciones de nuevo gobierno, PEMEX siempre fue la pieza primordial, como fuente dineraria para “el tema” de las campañas políticas gubernamentales.

Hoy se ha establecido un nuevo camino, bajo esquemas operativos de naturaleza público privada, con la parte estatal siempre el dueño de las reservas petroleras probadas y una PEMEX transformada. Ahora, la exploración y producción es compartida contractualmente, otorgándose la concesión de bloques costa afuera a los grandes consorcios energéticos internacionales. Estos, bajo su cuenta y riesgo, instalan y operan las plataformas de exploración y producción, en aguas del Golfo de México. Luego de más de setenta años, México optó por sacar las manos, al menos en parte, del control total de su operativa petrolera.

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