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Niñez y adolescencia: Necesario parteaguas

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Habitamos un país que ha caído en una hondonada, de la cual por años no hemos logrado salir. Conforme pasa el tiempo, nos hundimos sin ver el horizonte de la vida. El Estado aumenta su debilidad y los vacíos se agrandan. Pareciera que una mente perversa manipula en la oscuridad la destrucción de la nación desde sus cimientos. El Congreso de la República es cuestionado sobredimensionándose sus problemas. Pareciera que no hay coherencia con la conducta de los diputados y la realidad nacional. Una especie de inquietud vibra en el Parlamento a partir de pesquisas que hacen instancias como el MP y la CICIG.

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En política se debe ser consecuente y actuar con templanza. Los principios básicos de esta praxis son el talento y el talante. O sea, el conocimiento y la virtud del valor. En cuanto al Ejecutivo, no visualizamos hasta hoy, posiciones sólidas que marquen la diferencia o la ruta a seguir, particularmente frente al trágico hecho de las niñas que murieron quemadas. Aún no hay respuestas de fondo para atender un problema sustantivo de la nación. De ahí la preocupación de muchos guatemaltecos, que ha llegado el momento de hacer un hasta aquí y definir un parteaguas que se convierta en un hito histórico.

“No visualizamos hasta hoy, posiciones sólidas que marquen la diferencia o la ruta”

Es un hecho que nos golpea conocer el dolor del 50% de una niñez desnutrida. Del 79% de pobreza. El envenenamiento de las aguas. La destrucción salvaje de la naturaleza. La suciedad que campea por doquier con bolsas y botellas de plástico. La deserción escolar en el año 2016 de 500 mil niños. Escuelas derruidas para el ejercicio de la docencia. Multitud de niños que vagan por las calles. Adolescentes violadas y embarazadas. Jóvenes que no encuentran la vereda para alcanzar sus proyectos de vida. Desarticulación de las familias. Migración al norte por falta de trabajo y comida. Y un largo etcétera que sentimos diariamente fundamentado por los estudios en los que dan cuenta que el país ha quedado estancando en la década del 80.

Frente a esta situación que se agudiza cada vez más por el crecimiento exponencial de la población y vacíos reales para el rescate de tanta inteligencia que se pierde, se suma el hecho de la tragedia nacional suscitada en uno de los albergues sostenidos por la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia. Ante este hecho de un dramatismo humano de profundas consecuencias, el país requiere de un parteaguas que marque un antes y un después. Ciertamente hay multitud de problemas complejos que resulta imposible resolverlos, menos en cuatro años de gobierno y la forma de cómo funciona la dinámica política. De ahí, que el parteaguas en torno a la niñez y la adolescencia, se basa en atender a más de ocho millones de personas que serían el soporte del futuro del país.

Este parteaguas en torno a la niñez y la adolescencia sería el punto nodal de todo el quehacer del Estado y la sociedad guatemalteca. Deben llevarse a la práctica los instrumentos legales existentes en torno a este sector. Enfocarse a resolver lo prioritario como lo es la comida, la salud, educación, vivienda y seguridad.

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