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¿Habrá salida alguna a nuestra situación?

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Nuestro designio como sociedad está marcado por una conciencia que se regodea en el pesimismo con algunas salpicadas de esperanza. Vivimos en un eterno presente constituido por momentos breves que solo reúne la miseria que hemos dejado que se siembre. Es una especie de conciencia trágica que solo logra registrar los heridos, damnificados, muertos, soterrados, extorsionados, desnutridos, analfabetas, reprobados y asesinados. Somos incapaces de desentrañar y extirpar las causas que han provocado el sofocamiento de las energías de cambio. Sencillamente aceptamos vivir en una especie de autoengaño. Nos contentamos con vanagloriar a quienes se han atrevido a excavar en las profundidades del pasado y en su momento explicaron nuestra tristeza y sus efectos.

“Las cortes deben resolver que no importa si se violan los derechos más fundamentales de protección de la vida.”

Pero solo nos limitamos a entretenernos y repetir en coro rayado sus discursos, sin siquiera atrevernos a alcanzar el límite donde se construye proyecto y se quiebra el piso que sostiene el estado de las cosas. Las fuerzas que se rebelan se han estancado en un marco de interpretación y expresión, tomado prestado el discurso de siempre y justificando el discurso inveterado del otro, marcado por la amenaza, el miedo y la estupidez. Quizás una innovación ha sido introducida por los grupos que se confrontan al sistema y han acogido las reglas y las formas impuestas en sus manifestaciones, pues deben evitar infringir el derecho que en la actualidad es el más importante en este país como lo es el derecho de locomoción.

Las cortes deben resolver que no importa si se violan los derechos más fundamentales de protección de la vida, pero impedir el tránsito de las mercancías y del mercado no es admisible en nuestro sistema legal. Además el derecho de manifestar tiene igualmente membresía, acá solo es válida la expresión de quienes pueden pagar su transporte y llegar bien alimentados. De ninguna manera se pueden aceptar como atendibles las argumentaciones de los acarreados, pues además de haber aceptado dádivas para un día, no se saben expresar como el académico universitario.

Sin mencionar que son incapaces de guardar el decoro y las normas de etiqueta dejando limpia la ciudad. Los hechos violentos, la corrupción y el destino de desgracia que viven los pobres marcan como si fuesen hierros candentes a las buenas conciencias que aceptan al final de cuentas que su sobrevivencia y autoconservación es más importante que cambiar las cosas, pues eso de la equidad y la igualdad no tiene sentido en el orden que se ha establecido. En todo caso, si se desea hacer algo debe pasar por sacar provecho de esas situaciones, sea por medio de la privatización de los servicios, obtener beneficios cosificando y comercializando a las personas, o en el mejor de los casos “hacer algo” por medio de la caridad y la beneficencia. La pregunta es si ¿habrá alguna salida a nuestra situación? Si la hay.

En la medida que nos atrevamos a enfocar nuestra mirada y conciencia del lado de quienes sufren el desgarramiento auténtico del dolor y la impotencia, si nos aventuramos y vemos con los ojos de quienes han trabajado los campos y hacen producir realmente la riqueza del país, si nos atrevemos a cruzar las fronteras de las zonas rojas que por el miedo a que nos ocurra algo regularmente pasamos de largo, si tomamos la bandera del sueño de la liberación, si recuperamos nuestro pasado, presente y futuro, si pasamos a la acción, entonces encontraremos la solución.

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