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¡Tan fácil indignarse!

NUEVO

Como buenos chapines, es muy fácil que ante una situación de emergencia y caos nacional saquemos nuestro lado humano y solidario y corramos a apoyar con lo que sea necesario (o con lo que creamos necesario). Desde aportar víveres, ropa, frazadas, o apoyar cualquier manifestación que creamos justa, pero por supuesto, tanta solidaridad y patriotismo desafortunadamente viene acompañada del sentimiento de moda: ¡La indignación! Por lo que cualquier buena acción que realicemos (o querramos realizar) también viene acompañada de una fuerte carga de críticas hacia lo que los demás (desde luego) hacen mal, por lo que sobran los juicios y comentarios contra el sistema, el presidente, los diputados, o claro: todo aquel que piense diferente a mí, o que no haga nada por cambiar las cosas (aunque yo tampoco lo haga).

Al menos el primer paso está dado, hasta hace unos años los chapines nos habíamos acostumbrado al silencio, y habíamos encontrado en la sumisión y la indiferencia una zona callada pero tranquila, donde nada cambiaba pero nadie se quejaba entonces “todo estaba bien”. Ahora las cosas han cambiado, ya muchos no tienen miedo a hablar, el problema es, muchos lo hacen, sin fundamentos y con falta de conocimiento. Desde el año pasado y las marchas pacíficas de #RenunciaYa los chapines creemos que la indignación resuelve todo, que ahora cualquier hashtag se volverá tendencia, cualquier marcha logrará resultados, y por supuesto que cualquier cosa que comentemos (critiquemos) y denunciemos en redes sociales será escuchada y resuel ta por las autoridades correspondientes porque “es su obligación”.

No señores, los problemas de fondo de Guatemala no se resuelven con la renuncia del presidente, ni con el próximo de turno, y tampoco se resuelven en la plaza. Es bueno que hagamos ruido, es bueno hacernos escuchar, hacernos presentes y expresar y denunciar lo que está mal en el país, porque si no somos nosotros ¿Quién? El pueblo es el soberano, y es momento de que empiece a cobrar su soberanía. Ahora recién empezamos a gatear pero el problema es que esperamos ganar una maratón, cuando aún estamos en pañales. Más allá de alzar la voz, criticar, denunciar, apoyar, y manifestar; más allá de la indignación, lo principal es la información, la educación, la concientización, y por supuesto las acciones y la unidad. Se nos olvida que los logros que hemos tenido como país han sido las pocas veces que hemos olvidado las diferencias ideológicas o sociales, los intereses individuales, las pocas veces que no nos hemos identificado con un logo, o con una persona, sino con un interés COMÚN con una necesidad colectiva, y nos hemos unido por una necesidad y petición colectiva.

Está bien indignarse y mucho mejor el ya no ser indiferentes ante lo que sucede en el país, pero mucho mejor es enfocar toda esta energía y sentimientos hacia acciones y propuestas concretas, de largo alcance que sean duraderas. Y si esas acciones no surgen de nuestras cabezas, no nos dediquemos a sabotear el trabajo de otros por diferencias personales o ideológicas que no nos llevan a ningún proceso sino más bien a un estancamiento social. Analicemos ideas, evaluemos propuestas, apoyemos iniciativas de beneficio común y tomemos acción. En Guatemala nada cambiará sino cambiamos nada, empecemos el cambio en nuestra mentalidad para que se vea reflejado en nuestras acciones.

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