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Comentamos el lunes anterior que el Estado guatemalteco, además de incapaz y negligente es derrochador. Hace lo mismo que un padre de familia irresponsable que tiene un sueldo bajo, y parte de lo que gana lo malgasta en parrandas, vida nocturna y extravagancias, y luego tiene a los hijos subalimentados o pasando hambre, se endeuda hasta la coronilla y recurre a la caridad de los vecinos para que le regalen comida o los útiles escolares de los hijos. Es exactamente lo que pasa en Guatemala. Sus ingresos fiscales con relación al Producto Interno son los más bajos de América Latina y de los más reducidos del mundo. Buena parte de lo que recauda lo derrocha de manera infame y absurda. Y para llenar un poco el agujero recurrimos a los préstamos – hasta para sufragar gastos de funcionamiento – y a los aportes de la cooperación internacional, a la que después le decimos que no se meta en nuestro patio. Tenemos el segundo presidente mejor pagado del continente. Morales no quiso rebajarse el sueldito, pretextando que donaría una parte. Con el procesamiento del hijo, dijo que ya no era posible, pues tenía que pagar la defensa de su retoño. Y tenemos también el segundo Congreso más caro de América Latina.

Nuestros flamantes magistrados constitucionales tienen salarios equivalentes a los de un país desarrollado, con poco más de Q73,000 mensuales (PL 10/11/2015). En España los magistrados de los tribunales supremo y constitucional perciben el equivalente de entre Q70,000 y Q80,000). El presidente de la Reserva General de EUA gana alrededor de 200,000 euros y el gobernador del Banco Central de Luxemburgo (país que tiene uno de los PIB per cápita más elevados del mundo, 181,000 euros), mientras el presidente del Banguat devenga Q70,000 mensuales (Publinews 17/3/2017) equivalentes 106,000 euros al año, a lo que se agregan bonos y dietas. La lógica detrás de estas aberraciones es que, ante los ingresos precarios de la mayoría de los guatemaltecos (el ingreso medio de los ocupados según la ENEI de 2016 era de Q2,131 mensuales), por lo menos algunos tengan sueldos altos, que contribuyan a elevar nuestro promedio. Además, debemos atraer al servicio público a los mejores y el país darse a respetar ante la comunidad internacional, pagando a sus funcionarios salarios de primer mundo, para que no pasen vergüenzas. Tenemos 14 ministerios (el mismo número que tiene una modesta nación llamada Alemania), 15 secretarías de la presidencia y cuatro de la vicepresidencia, más docenas de consejos, comisiones y autoridades adscritas al Ejecutivo, que hacen poco y cuestan mucho.

”Sus ingresos fiscales con relación al Producto Interno son los más bajos de América Latina.”

Este año destinaremos Q163.8 millones a la seguridad presidencial y vicepresidencial, obligado costo de la tranquilidad de nuestros gobernantes, para que puedan dedicarse en cuerpo y alma a velar por nuestro bienestar. Al deporte escolar dedicaremos Q 220 millones, al deporte no federado (Ministerio de Cultura y Deportes) Q185 millones, a la CDAG Q366 millones y el comité olímpico Q91 millones. Derroche escandaloso en un país con uno de los niveles más altos de desnutrición crónica infantil del mundo. El único de América Latina que no redujo la pobreza extrema a la mitad entre 2000 y 2015. Más bien hizo la tarea al revés. En ese período aumentó en 50%. Mientras el Congreso pretende tener 54 comisiones de trabajo y negocia un regalo fiscal para el sector agropecuario, que costará Q1,200 millones anuales a la hacienda pública. Al derroche se agrega el cinismo de los diputados. Preocupados porque buen número de ellos tienen más cola que una iguana y ya sienten en la nuca el aliento del MP y la CICIG; presentan iniciativas cada vez más desvergonzadas, para rebajar las penas de prisión y cerrar la puerta para acciones penales, buscando recetarse injustificadas amnistías. Iniciativas temerarias porque están jugando con la paciencia de la ciudadanía.

Que tarde o temprano estallará. Afortunadamente, las manifestaciones de 2015 no se frustraron con la permanencia en el poder del dúo Pérez-Baldetti. Deben recordar aquel dicho que reza “de las aguas mansas líbrame Señor”, porque el guatemalteco es un pueblo que tarda en reaccionar, pero cuando lo hace puede actuar con violencia incontenible, por la cólera acumulada. Y otro más: “tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe”.

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