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anna-valdez

Mi hijo le subió el volumen a la canción que sonaba en la radio. Me sorprendió, pues no es el tipo de canciones que le suelen gustar, por lo que lo volví a ver. En su expresión, observé que estaba buscando algo entre los sonidos. Hizo unos movimientos con su mano, a lo que le siguió una sonrisa de satisfacción.

“Es que es el mismo acorde que la otra canción, escuchá”, me dijo. Y entonces empezó a hacer sonidos, al ritmo de los bajos de la melodía. Debo confesar que me encanta la mú- sica, en muchos ritmos y de variados intérpretes, pero creo que mi enfoque siempre ha sido en deleitarme con la letra y disfrutarme de su ritmo, pero en esa ocasión mi hijo me estaba mostrando que había más, mucho más en cada canción.

Mientras escuchaba lo que mi hijo me hacía notar, era como observar que la música se desplegaba en diferentes capas dentro de mis oídos y frente a mis ojos. “¿Eso escuchás cuando oís música?”, le pregunté admirada. Sus ojos brillantes sonrieron. Yo sabía que esa respuesta era un “sí”, por lo que repuse: “Siempre he sabido que tienes talento para la música… ahora sé por qué. Y es porque puedes escucharla, sentirla, armarla y desarmarla en sus diferentes capas”.

Desde ese día, a veces cuando escucho música trato de escuchar sus acordes, de separar el ritmo y los bajos, no siempre me es fácil, pero es un ejercicio maravilloso e interesante. Eso mismo me ha hecho estar más consciente que, así como la música, todo aquello que vemos está hecho de capas, y que, si bien la capa exterior es la más evidente, todo existe porque también tiene capas bases y capas superiores, y que para disfrutar las cosas a plenitud es importante apreciar cada una de ellas.

Me encantaría tener el talento para la música y reconocer con facilidad sus diversas capas, pero pensándolo bien, también me gustaría tener talento para la humanidad, para que cada vez que vea a alguien, vea más allá de su exterior, sepa encontrarme con la base de su esencia, con sus dolores y heridas, con sus talentos escondidos y sus máximas virtudes, con su fuego sincero, con todos y cada uno de sus matices. Me gustaría saber cuándo hay tristeza detrás de una sonrisa, cuándo es necesaria una palabra de aliento o un chiste para inspirar una risa. Me gustaría no pasar desapercibida ninguna de esas características que hacen a la gente única, pero que a veces el exterior suele esconder.

Sobre todo, me gustaría tener oídos atentos a esa capa de gritos enmudecidos que fallan en pedir auxilio por temor, las capas que se inundan de soledad y suelen ahogar los estratos de esperanza. Sí… talento para ver las capas, para disfrutar la forma, pero evidente del fondo. Tal vez, eso nos falta como sociedad, como humanos, como amigos, padres o hermanos, reconocer nuestras propias capas y apreciar las de los demás, para celebrar sus virtudes y ayudarlos en su necesidad. Después de todo, las personas somos como las más hermosas melodías, aquellas que logran entre silencios y notas, entre aciertos y sombras, mezclar las capas para lograr la armonía.

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