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Universidad: Reserva moral de la sociedad

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Ilustración GuilleHistóricamente la humanidad ha contado con instituciones como la Iglesia y medios de comunicación que le ha permitido tener un norte, orientación, aliento espiritual y moral. Hoy diríamos, ¿por qué no puede ser la Universidad que en el cumplimiento de su misión pueda cumplir esta responsabilidad que le dé oxígeno de vida a la sociedad? La Universidad no debe estar satisfecha solo con la tarea central de formar profesionales, o bien crear conocimiento a través de la investigación, lo cual es fundamental a su propio quehacer. Porque su tarea es mucho más profunda, especialmente ahora que vivimos en una sociedad en donde hay un vaciamiento de la moral, aumento escalonado de la individualización de intereses, pérdida y ruptura de los lazos familiares, tendencia a la comodidad y al mínimo esfuerzo, al torbellino de violencia y agresión contra la vida humana y su entorno natural. Por ejemplo, en la Constitución de la República de Guatemala, uno de sus artículos se refiere a la Universidad de San Carlos en el sentido que esta debe “coadyuvar en la solución de los problemas nacionales”. Asimismo, la Conferencia Mundial de Educación Superior convocada por Unesco el año de 2009, afirmó que las instituciones de educación, sean públicas o privadas, tienen como propósito central convertirse en centros de bien público.

“El sistema de justicia ha pedido credibilidad en el orden de la ética”.

Esta comprensión de la educación superior, nos orienta a pensar que las universidades del país, deben jugar todas con un solo propósito, el rol de convertirse en la brújula que alumbre el camino de la prudencia en una sociedad, en la cual las turbulencias sociales, económicas y políticas, sacuden dramáticamente la vida ciudadana. Se nos ha escapado como líquido que corre entre nuestros dedos, la pérdida del respeto a los derechos humanos y de una hermosa posibilidad de cultivar la armoniosa relación con la naturaleza. La indiferencia, el despecho hacia los otros y la búsqueda de bienes materiales cueste lo que cueste, se ha adueñado de una parte de la población guatemalteca.

Las instituciones del Estado guatemalteco no solo se han debilitado con el correr del tiempo, sino que ahora se encuentran impregnadas de una crisis de vértigo total. El sistema de justicia ha perdido credibilidad en el orden de la ética y en su propio concepto de justicia. El Poder Legislativo crece en una atomización de intereses político-electoreros, que le impide asumir la responsabilidad de legislar y auditar a favor de los intereses genuinos de un país profundamente dividido y desarticulado. No logran encontrar el norte que los legitime políticamente. En cuanto al Ejecutivo, el modelo feudal de organización pública que aún pervive, limita asumir como conjunto, la ejecución de políticas coherentes, tal podría ser una en atención integral a la niñez. El deterioro del Estado se agudiza, con el agregado que la corrupción está presente como hilo que atraviesa a las instituciones.

Frente a este desaliento social y debilidad del Estado, le corresponde a la Universidad la trascendental tarea de convertirse en la reserva moral de la sociedad y ser guía que oriente con la lucidez del conocimiento y principios éticos, el camino hacia una mejor sociedad.

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