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Políticos, reflejo del pueblo

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Anoche recibí un video donde se ve y escucha a Jorge Serrano, desde la comodidad y seguridad panameñas, pronunciando una diatriba en la que increpa a la Fiscal General el hecho de no cumplir con su deber y estar más preocupada en su campaña política y en tomarse fotos en diversos lugares y con diferentes personajes. El video panameño ha tenido una amplia difusión en redes sociales y a no ser por quien lo originó talvez habría sido más impactante el mensaje, habida cuenta de tanta ilegalidad y corrupción, que de forma persistente se manifiestan en el país. Ayer también, la acusación contra los diputados adquiría niveles virales, sindicándoles de promover la extensión de la impunidad, e indicando algunos antecedentes que, según medios progresistas, (así se denomina a los que proyectan una ideología socialista), son prueba del crimen organizado que cooptó al Gobierno. Como ocurre en el mundo entero, Guatemala no está excluida de niveles intolerables de podredumbre política. Ahora bien, desde hace décadas se efectúan señalamientos contra los políticos en general; y los diputados y funcionarios de los tres organismos de gobierno, en particular, en medios de comunicación y por la llamada sociedad civil.

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Sobre este hecho hay que enfatizar que la convicción popular de que los gobernados son mejores que los gobernantes; los electores que los elegidos; el país, que el Congreso no es, para nada, exacta. Ortega y Gasset, en un escrito de hace casi 100 años sobre la situación de entonces en su país, lo expresó de forma apropiada ahora para nosotros:

¡Bueno fuera que siendo lo que somos, nuestros representantes fuesen genios y santos! Porque, aclaraba, no se trata de esta o de otra individualidad señera, sino que más bien habría de compararse la clase en junto de los políticos con las demás clases o gremios. Dígase cuál de ellas es superior en dotes y virtudes a la de los políticos.

Difícil será encontrarla. Y es natural. Si existiese, hace mucho tiempo que ella sería la directora de los destinos públicos. Y remarcaba, no nos hagamos ilusiones: ni el industrial, ni el propietario, ni el obrero  y agregaríamos, el profesional, el campesino, el universitario o la ama de casa tienen nada que echar en cara al político. Y es que el filósofo alertaba sobre lo cómodo y fácil que era desviar perniciosamente la atención de las masas, ponerse ante ellas a maldecir de los políticos, dando a entender que hay otra casta de hombres maravillosos a quienes la perversidad no deja conquistar el poder.

Oportuno y forzoso es para activistas, militantes en organizaciones populares y periodistas tener presente todo esto. Aunque como reconoció Ortega y Gasset: algunas veces ocurrió que una nación dotada de una excelente minoría cayera presa de forajidos. Pero en esos casos la tarea fue sencilla, porque bastó con levantar al pueblo contra el grupo de malvados y necios, e imponer el grupo de los honrados y capaces.

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