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La tragedia del Hogar Seguro de la Virgen de la Asunción en San José Pinula, en definitiva, no fue un accidente. Fue la suma de graves actos deliberados de desprecio, abusos injustificables y crueldad en contra de niños, niñas y adolescentes. Es reflejo de la concepción original y del dominio neoliberal actual del Estado de Guatemala. El resguardo estatal se convirtió en desprotección absoluta y allanó la muerte de 40 ni- ñas y adolescentes. El impacto en la sociedad ha sido desbordante, pero muestra una situación compleja, pues hubo expresiones de acompañamiento, de solidaridad y de estupor, pero en el otro extremo, también de incredulidad sobre los motivos de la tutela estatal de las niñas y el papel de sus familias, con la clara tendencia a justificar lo sucedido. El manejo mediático no ha contribuido a desprender las percepciones que solo abonan en la discusión superficial del problema, pues el morbo, las deducciones simplistas y las elucubraciones sesudas solo catalizan la política espectáculo que domina el contexto. Sin duda no puede dejarse de lado la demanda de investigación profunda con el propósito de deducir responsabilidades políticas, institucionales y penales de los implicados, en cualquier nivel de la administración pública.

Pero la detención, encausamiento y condena judicial de algunos es insuficiente. Las circunstancias requieren más, exigen cambios profundos en las instituciones, en la noción misma del Estado y en la función pública. De no ser así, este crimen terminará en resignación gestada en la sanción de culpables reales o inventados y nada cambiará. Lo revelado durante el 2015 en cuanto al manejo de los recursos del Estado, las oportunidades de enriquecimiento fácil para agentes estatales y privados y las consecuencias sobre las instituciones y los servicios esenciales, únicamente quedó en la renuncia y encausamiento de funcionarios que, si bien fueron necesarios, no resolvieron el problema de fondo y las estructuras que facilitaron tanta precariedad ética en la función pública, siguen intactas y reproduciéndose. De esa cuenta, la dolorosa pérdida de las niñas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción es una nueva revelación de la podredumbre de un Estado que no fue ideado y formado en función de la sociedad, la democracia y el desarrollo.

Fue ideado como instrumento de grupos dominantes y se ha reconfigurado a lo largo del tiempo, pero sin perder su esencia patriarcal y de clase, al igual que su carácter represivo y racista, ni siquiera capaz de cumplir con su mandato constitucional de proteger la vida. Eso ya no puede continuar. Es imperativa la redefinición del Estado, someterlo a una completa refundación de sus componentes y medios institucionales, las concepciones, estrategias, acciones, políticas, planes, financiamiento y recursos materiales, entre otros. Y la sociedad, entrar en una etapa de recuperación de su memoria y de revaloración de la vida, la niñez, la solidaridad y la democracia.

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