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Los testimonios de las niñas sobre los hechos acaecidos en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción ofrecen pruebas que se trató de un asesinato. Las grabaciones y transcripciones de las declaraciones de tres sobrevivientes que se dan a conocer a través del periódico digital Nómada en la publicación de la periodista Claudia Méndez Arriaza son indicios muy contundentes para realizar esta afirmación. En el artículo titulado “Audios: una policía le dijo a las niñas que se aguantaran el fuego”, las jóvenes describen que efectivamente se rebelaron frente al maltrato, condiciones infrahumanas como la trata, el abuso sexual y la vulneración de sus derechos y dignidad. También reconocen que la finalidad era fugarse, lo cual algunas niñas y niños lograron y con ello salvaron sus vidas. Este relato complementa los testimonios que recoge Guatevisión en la entrevista que le hiciera a una niña que se fugó del centro, en la cual narra el día anterior al incendio.

Los responsables del centro emplearon la violencia, les pegaron a las niñas y adolescentes para someterles al supuesto orden. La niña es clara e indica que la policía también las maltrataba. Ella narra cómo ocurrió su angustioso escape y cómo un policía incluso disparó al aire en un par de ocasiones con la finalidad de detenerlos. Pero lo más preocupante es que los policías ponían armas en la cabeza de las adolescentes como si se tratara de criminales armados. El relato de una joven continúa describiendo lo sucedido: “Me atrapó uno y me dijo que me pusiera de rodillas, manos en la cabeza, me puso la pistola en la cabeza. Me dijo que a él no le importaba que fuera mujer ni que fuera menor de edad. Nos capturaron y nos llevaron nuevamente al hogar.” Lo peor, no obstante vendría posteriormente, al encontrarse encerradas con candado y bajo la negativa de dejarlas salir. Ellas reconocen que una compañera prendió fuego a una colchoneta, provocando que se expandiera a otros colchones hasta convertirse en un incendio. La narración de una de ellas, expresa el horror y la desesperación al ver a una de sus compa- ñeras: “Se estaba quemando, ardiendo en llamas”.

“¿Por qué el señor presidente no actuó de inmediato?”

 Pero cuando gritaban pidiendo que las dejaran salir, otra de las sobrevivientes llega al punto más inhumano y condenable: “Pedimos auxilio y una de las agentes dijo: que sufran esas desgraciadas, que así como habíamos sido buenas para fugarnos, que fuéramos buenas para aguantar el dolor, relató una de las jóvenes.” Aún más, una de ellas luego de volver en sí por el desmayo que había sufrido asevera que “Cuando desperté, estaba la mitad de cuerpo afuera y la cabeza adentro. Hice todo lo que pude para levantarme y caminar, pero luego las policías me empezaron a pegar, viendo de que yo me estaba quemando y ahogando”. ¿Todo esto se pudo evitar? Claro que sí. La pregunta fundamental es ¿Por qué el señor presidente no actuó de inmediato? Aún más, ¿por qué el ejecutivo esperó con negligencia tantos días para prometer respuestas ante los hechos ocurridos? ¿Acaso actuaron al observar el descontento y el rechazo de la población a su gestión por su responsabilidad ante los hechos ocurridos? Ahora la pregunta está en la cancha nuestra, como sociedad que intenta construir un nuevo país que no condene a la niñez al suplicio y al escarnio: ¿Vamos a permitir que estos hechos sigan ocurriendo? ¿Vamos a soportar más que los poderes políticos corruptos e ineficaces sigan mancillándonos? Por eso es necesario que se haga justicia.

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