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La mayor crisis humanitaria

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Según la ONU, vivimos la mayor crisis humanitaria desde 1945, debido al riesgo de hambruna de unos 20 millones de personas. La Organización solo utiliza el término hambruna cuando confluyen en una zona altos niveles de mortalidad, desnutrición y hambre, situaciones extremas y muy poco habituales, con apenas una decena de casos en las últimas tres décadas, como en Guatemala.

El pasado viernes 10 de marzo, Stephen O’Brien, Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, responsable de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios y Coordinador de Ayuda de Emergencia, advirtió al Consejo de Seguridad de la ONU que “Sin un esfuerzo global colectivo y coordinado, la gente simplemente morirá de hambre”, al retornar de sus recientes visitas a Yemen, Sudán del Sur y Somalia para evaluar la situación humanitaria.

O’Brien dijo que es necesaria una “inyección inmediata de fondos” para atender a los necesitados en esos tres países y el nordeste de Nigeria. “Para ser precisos, necesitamos 4,400 millones de dólares para julio, y ese es un coste detallado, no una cifra para negociar”, afirmó. Por su parte, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, ha advertido que 1,4 millones de niños podrían morir de hambre este año. Estas advertencias se suman a un llamado similar hecho por el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres el mes pasado, lamentando que solo había recibido $90 millones hasta ese momento, a pesar de las promesas de varios Estados, sabiendo que se requieren 50 veces más fondos para paliar la crisis.

La ONU estima que un niño muere cada 10 minutos en Yemen por una enfermedad prevenible, mientras que medio millón de menores de 5 años sufren de desnutrición aguda grave. Se calcula que unos 19 millones de personas, dos tercios de la población del país, está en la necesidad de algún tipo de ayuda humanitaria, después de dos años de guerra entre insurgentes Houthi y el gobierno, que está respaldado por una coalición liderada por Arabia Saudita.

Agencias de la ONU consideran que 100 mil personas se enfrentan a la hambruna en Sudán del Sur, mientras que 4,9 millones de personas (40% de la población) están “en necesidad urgente de alimentos, agricultura y asistencia nutricional”, siendo la más aguda de las emergencias alimentarias actuales, y la más extendida a nivel nacional. La ONU ha descrito el desastre que se desarrolla en el noreste de Nigeria como la “mayor crisis en el continente”, con 75 mil niños en riesgo de morir de hambre.

En esa región, el grupo radical Boko Haram ha matado a 15 mil personas y obligado a escapar a más de dos millones de sus hogares, hasta diciembre de 2016. Hace apenas seis años, casi 260 mil personas murieron de hambre en Somalia; a principios de marzo, 110 murieron en un período de 48 horas. Esto podría empeorar por la falta de agua, agravada por el fenómeno climático de El Niño, que ha matado ganado y cultivos, provocando que 6,2 millones de personas requieran ayuda urgente.

Como en Guatemala, este drama de guerras, indiferencia y cambio climático ha generado una de las mayores oleadas de inmigración, hacia los países desarrollados, donde se asientan las empresas que han alentado o permitido este infierno, en una época en la que es posible producir alimentos y dotar de agua, salubridad y educación a toda la humanidad. Estamos pues, ante la mayor crisis humanitaria, aquella en la que la avaricia aplastó a la solidaridad, y tres cuartas partes de los seres humanos están ante la disyuntiva de morir o levantarse para construir otro mundo, uno donde quepan la esperanza y la fraternidad.

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