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Protección a las personas como objeto del Estado

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Por: Fernando  A. Marín

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La realidad de Guatemala es que pasan eventos impensables, sin que nada sorprenda. El guatemalteco ha desarrollado una piel gruesa, gruesísima, en donde no hay dolor que traspase, todo dolor se aguanta. Subsumidos en tanta necesidad no hay espacio para exigir, vulnerables en todos los frentes. Esto como consecuencia de un sistema inoperante que no puede responder ante ninguna crisis, las cuales están a la orden del día. Que, además, carece de planes de prevención y protocolos de acción para afrontar la gran mayoría de los siniestros.

El artículo 1º de la Constitución Política de la República establece que el Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y la familia; el artículo 2º establece como deber garantizar la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo. Mientras que el artículo 47 prevé que debe garantizar la protección social, económica y jurídica de la familia, promoverá su organización, entre otros, en la paternidad responsable. Por su parte, el artículo 51 contiene un mandato para proteger a los menores en su salud física, mental y moral, además del deber de garantizar alimentación, salud, educación y seguridad y previsión social. El evento ocurrido en Hogar Seguro, que ha dejado víctimas a por lo menos 37 niñas y adolescentes es un claro ejemplo de la incapacidad del Estado de Guatemala para cumplir sus fines. Ellas son el reflejo de las tantas víctimas que tiene una sistema que no responde.

Niños y niñas que son dejados a la suerte por la incapacidad de los padres de responder para ellos, padres incapaces e irresponsables, o impotentes ante una situación de precariedad que los limita a la supervivencia; para luego caer en “protección” del Estado que tiene la obligación de insertarlos en la sociedad, procurando su desarrollo integral. No está de más evidenciar que este no es capaz de cumplir con su deber. Pese a los esfuerzos, descoordinados, la demanda supera las necesidades de estas personitas que representan el futuro de Guatemala.

Como ciudadano me siento indignado e impotente. El cuadro en donde las niñas gritan por ayuda con las fuerzas de seguridad inmóviles, los primeros auxilios que tardan en responder, la aflicción… Entre esas llamas que quedan las denuncias de maltratos, torturas y agresiones sexuales, entre otras tantas vejaciones. Gritos que desaparecen en el humo. Denuncias que no fueron escuchadas. Una realidad que no pidieron vivir, pero de la que no tuvieron herramientas para escapar.

Una fotografía de la pobre realidad. Es cierto que todos formamos parte del Estado, pero a los gobernantes se les eligió para que respondan ante hechos como este a ellos se les ha confiado la administración de centros como el Hogar Seguro. No vale jugar a la de Poncio Pilato. La corrupción, la falta de voluntad política y la incapacidad endémica en el país, tienen resultados como esta terrible tragedia, que ha puesto en evidencia a un sistema sostenido con cristal.

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